Viernes, 09 de noviembre de 2007
Puede parecer lógico que si un jugador entrena los suficientemente duro y con constancia, todo lo demás viene rodado. Si esto fuese así, en dos partidos lo suficientemente cercanos -pongamos un plazo de siete días- no deberían de producirse diferencias notables en su juego. No transcurre un tiempo lo suficientemente grande para que se produzcan alteraciones sustanciales en sus habilidades ni en el nivel de destreza necesario para realizarlas. Lo que el jugador puede perder o ganar es control que tiene sobre elementos cognitivos tales como la concentración sobre la ejecución y la percepción de factores externos (resto de jugadores y equipo contrario).

Todo deportista necesita un cierto grado de motivación para desempeñar una función pero no todos los individuos precisan la misma cantidad para actuar al mismo nivel. Para unos un exceso de motivación generará un aumento del estrés más allá de su capacidad de asimilación provocando una actuación deficitaria. Otros responderán positivamente ante una gran cantidad de estrés pudiendo llegar a depender de él, como si de una droga se tratase, para jugar a su mejor nivel. En ambos casos el exceso de estrés los conducirá hacia una actuación deficitaria pero con unos niveles de estrés bajos el resultado es igual de pobre. Imaginándos una gráfica, la capacidad de ejecución en función del estrés sufrido de estos dos casos viene representada como una "U" invertida. En la cima de la curva, el nivel de actuación es máximo pero con cantidades mayores o menores el rendimiento es menor. La amplitud de los brazos de la "U" vendrá dada por la mayor o menor cantidad de estrés.

El principal problema con que nos encontramos a la hora de intentar controlar el estrés de un individuo es la imposibilidad de realizar mediciones tangibles de su intensidad. Únicamente disponemos del análisis de las respuestas del jugador ante situaciones estresantes.

La correcta ejecución de un gesto requiere una cantidad de tensión concreta. Una anomalía se traduce en una ejecución incorrecta: pases errados, chuts deficientes, fallos de marcaje, etc. Cuanto más se aleje el nivel de tensión adecuado para cada momento del nivel óptimo, mayor dificultad para realizar una coordinación apropiada de una actividad motriz.

La mayoría de las veces, una ejecución incorrecta es debida a altos niveles de excitación y a menudo los entrenadores interpretan lo contrario y contribuyen, inconscientemente, a elevar esos niveles. El resultado es la creación de un círculo vicioso del que el jugador no puede salir y que el entrenador lo interpreta como desidia.

Una de las labores más complejas del entrenador es conseguir que cada jugador aprenda a alcanzar su nivel de motivación adecuado. El entrenador ha de enseñar a relajarse a unos y elevar los niveles de excitación de otros hasta alcanzar en los dos casos el nivel adecuado para cada uno de ellos.
Principalmente el problema radica en que el organismo no posee mecanismos que alerten al individuo de un exceso de tensión. Por ello nos valdremos de la ayuda externa, para analizar las respuestas del individuo ante situaciones estresantes y poner en práctica las acciones más adecuadas para ayudarle en el control de las mismas.
Publicado por Marisa_Bidilla @ 12:01  | Psicolog?a
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Publicado por ruzafavalencia
Domingo, 16 de diciembre de 2007 | 19:47
Totalmente de acuerdo. Esta semana tuvimos este problema con un jugador y no supimos leer lo que le estaba pasando. Nos pudo m?s el partido que el jugador y creo que metimos la pata, pero es tan dif?cil no meter la pata con los chavales.
Saludos