Jueves, 01 de noviembre de 2007
Cuando un jugador está demasiado motivado o excitado, es presa de una ansiedad y le angustia el temor de no ser capaz de acertar, especialmente el jugador orientado al fracaso. La ansiedad provoca una tensión contraproducente en la musculatura, y por consiguiente no actúa con tanta agilidad y elasticidad como cuando sus músculos están más relajados. Sus pensamientos se centran más en lo que están haciendo en vez de concentrarse simplemente en hacerlo.

La causa fundamental de ansiedad en los deportes es que los atletas abrigan dudas sobre si podrán hacer frente a las demandas impuestas, cuando satisfacer estas demandas es importante para ellos. Cuanto mayor es la incertidumbre que acusa el individuo y más importante es el desenlace para él, tanto mayor es la ansiedad.

Induciendo a los jugadores a trasladar su énfasis desde vencer hasta alcanzar sus metas personales realistas conseguiremos que no vinculen su amor propio al hecho de ganar y perder, despojando al deporte de su amenaza, y no teman al fracaso. La neutralización de los estados de perturbación psicológica es el objetivo de la preparación psicológica.

¿Deberíamos entonces encaminar nuestros esfuerzos hacia la eliminación por completo de la excitación en el jugador? Categóricamente no. De hecho nos concentraremos en la búsqueda del punto de excitación correcto para lograr una ejecución idónea. El nivel óptimo de excitación varía para habilidades en según que deportes. Las habilidades en deportes de elevada precisión que requieren un riguroso control de la motricidad son ejecutadas mejor con niveles inferiores de excitación. Por contra, en deportes que precisen una mayor amplitud en movimientos musculares, como es nuestro caso, se requieren unos niveles de excitación muy altos.
Publicado por Marisa_Bidilla @ 19:44  | Psicolog?a
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios