Viernes, 07 de abril de 2006

De repente, cuando pensamos que tenemos un buen método de trabajo, un número adecuado de participantes en las actividades y hemos conseguido lo que creemos que es un buen ambiente de trabajo, comienzan a producirse abandonos. ¿Qué es lo que falla? La razón es que aparecen entonces algunas de las situaciones en las que el niño rechaza la práctica deportiva sin apenas darnos cuenta. Dentro de lo que para nosotros es una situación ideal, surge inconstancia propia de la curiosidad infantil en estas edades.

El niño experimenta, evalúa y decide. Múltiples factores entran en juego: el conflicto de intereses, el carácter excesivamente serio de las sesiones de trabajo, la sensación de no poder superarse, no soportar la presión de un trabajo marcado por compromisos competitivos que el niño evita las relaciones conflictivas con el entrenador o compañeros.

Detrás de cada uno de estos factores se encuentra el rechazo. Si somos un poco perspicaces, además de poner en práctica nuestro método de trabajo, estudiaremos con cuidado la predisposición de cada niño a aceptar o rehusar las situaciones generadas dentro de la práctica deportiva empleando un cuidado exquisito para que no se produzca una selección espontánea de los más capaces.

Una completa ficha personal de cada miembro del grupo en la que anotaremos -además de sus progresos técnicos- cuestiones de índole personal y actitudes, nos ayudará en nuestro seguimiento individualizado de la progresión del niño. El objetivo es claro: mantener un grupo en el que todos sus miembros se encuentren satisfechos con la actividad que practican. En conciencia, nos deben de pesar más los abandonos que pudieran producirse que los éxitos que algún miembro del grupo pudiera alcanzar de forma individual.


Publicado por Marisa_Bidilla @ 0:01  | El aprendizaje
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