Viernes, 10 de marzo de 2006

Antes de los seis años, el niño no es capaz de asimilar las reglas de ningún deporte de competición. Es a partir de esta edad cuando, progresivamente, se incrementa la capacidad de concentración y asimilación de condicionantes reglamentarios. Resulta muy adecuado estructurar un tipo de comparaciones -mejor que competiciones- de tipo lúdico en la que el niño se pueda medir con otros de similar nivel. Una correcta evolución depende de la disminución de los fracasos la cual lograremos incrementando las posibilidades de éxito en este tipo de comparaciones. Como juego lúdico y comparativo, podremos establecer concursos en los que tengan que emplear las habilidades técnicas del Hockey Sobre Patines (golpear la bola haciéndola pasar por encima de un banco, patinar sobre un pie por encima de una línea de la pista, dar giros sobre los dos patines...).

Para lograr la identificación del grupo, sobre todo para los niños con habilidades más limitadas, haremos uso de juegos colectivos pues todos los componentes del equipo, independientemente de su capacidad, se sentirán partícipes del éxito del grupo.

De 7 a 10 años, el grupo de trabajo se encuentra inmerso en la Edad de Oro del Aprendizaje y los jóvenes jugadores comienzan a ampliar la gama receptiva del deporte que vamos a realizar. Es la edad donde deberemos de tener el máximo cuidado de no confundir objetivos. Resulta fundamental el planteamiento de entrenamientos atractivos con el fin de fortalecer la motivación por el simple hecho de entrenar.

Controlaremos el estrés generado por la multitud de nuevos ejercicios y sensaciones mediante un incremento gradual de la dificultad del trabajo.
Como normas generales, comunes a todos los objetivos, deberemos de intentar que el deportista adquiera sensibilidad de los medios para el juego y no crear hábitos, sino buscar todo tipo de variedades posibles; las cuales, por otro lado, nos ayudarán a mantener la atención del niño.

Es durante el transcurso de la Edad de Oro del Aprendizaje cuando debemos sentar las bases para el aprendizaje global de las habilidades técnicas requeridas para la práctica del Hockey Sobre Patines Antes de llegar a esta época –cuando el niño se encuentra entre los 5 y 7 años- el control del movimiento no está bien desarrollado. Para su evolución, utilizaremos carreras combinadas con series de ejercicios sencillos así como destrezas aisladas que combinaremos poco a poco.

En lo concerniente a la evolución natural de las capacidades físicas del niño, se observa que:

La fuerza explosiva (sobre todo a nivel de las extremidades inferiores) mejora ostensiblemente.
La velocidad de reacción mejora pero hasta el final de esta etapa no se alcanza un nivel relativamente bueno.
Debido a la mayor captación de oxígeno y volumen cardíaco, la resistencia aeróbica se incrementa.
La concentración y la capacidad de combinar diferentes destrezas sufren un aumento apreciable durante todo el transcurso de esta etapa.
El uso de ejercicios con circuitos, que hacen aumentar la agilidad del niño, es muy aconsejable.


La competición más reglamentada se hace patente en el niño. La busca de una manera natural. Siente la necesidad de compararse con los demás. Aún así tendremos especial cuidado en la forma de introducirlos en ella pues una serie de fracasos continuados pueden hacer desaparecer el interés por la práctica de este deporte y llevarlo bien sea al abandono o al conformismo dando lugar a pensamientos tales como: “prefiero ser suplente y que mi equipo gane, pues así yo gano también y no fracaso en la pista”. De este segundo caso es único responsables sería su entrenador por no saber disociar adecuadamente el éxito y la victoria.


Después de Edad de Oro del Aprendizaje se da paso a una Edad de Perfeccionamiento -de 10 a 12 años- caracterizada por:

Gracias, entre otras razones, a la mejora de la velocidad gestual la calidad técnica sufre un notable avance.
Debido a las distintas capacidades fisiológicas y físicas básicas existente entre los dos sexos se comienza a manifestar una diferencia entre estos.
La velocidad de reacción puede alcanzar valores propios de un adulto.
Se puede trabajar la fuerza explosiva, sobre todo insistiendo en el componente de velocidad.
Incrementa la resistencia de forma considerable.
Los movimientos y coordinación de estos son muy bien controlados.
La flexibilidad alcanza su máximo valor.


La competición es bien asimilada y les apasiona el deseo de competir en las mismas condiciones que los adultos. Únicamente si las normas y las exigencias fuesen insostenibles podríamos encontrarnos con rechazos por parte del niño.


Publicado por Marisa_Bidilla @ 14:53  | El aprendizaje
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