Viernes, 17 de febrero de 2006
La comunicación que se establece entre el entrenador y el niño se caracteriza, entre otras cosas, por una sensación de admiración de este último hacia la persona que le está enseñando cómo materializar sus deseos (patinar hacia atrás, frenar, etc.). Le estamos proporcionando una información a la que es especialmente receptivo. Grandilocuencias y datos innecesarios están de más. No se trata de hablar para oírnos a nosotros mismos o para que nos oiga gente del otro lado de la valla. Si caminamos por ese sendero, lo único que conseguiremos es que el niño se abstraiga de la conversación. Hablarle a un niño de “tensión defensiva”, de “transiciones” o de “leer un partido” (lo que por otra parte se trata de un snobismo un tanto pedante), son conceptos excesivamente genéricos alejados del registro que los niños manejan en razón de su edad. Incluso un concepto tan claro para nosotros como puede ser la “concentración” resulta excesivamente confuso y puede ofrecer resultados no deseados.

Lo más preocupante de estas situaciones es que una gran parte de los entrenadores tampoco saben con certeza lo que están pidiendo al jugador cuando solicitan “más concentración” y como respuesta obtienen una actitud más defensiva a la vez que una ralentización del proceso de elección de respuesta del niño.

La concreción y la claridad en la información que proporcionamos al niño cuando lo enfrentamos a nuevas experiencias le ayudarán a adquirir nuevas habilidades de una forma más sencilla. Con el mismo fin, nuestra capacidad de persuasión le allanará el camino. Raramente podrá ser capaz de asimilar una nueva técnica si cree que no puede hacerlo. En este caso se produce un diálogo interno, basado en hechos y razones, que rechaza la posibilidad de obtener éxito en la empresa que se le plantea. Mediante el diálogo y la observación podremos analizar la situación de evitación o rechazo en la que el niño se esconde y sustituir las argumentaciones negativas por otras con mayor carga de motivación.

Las instrucciones que demos en los tiempos muertos han de ser concretas, individualizadas y siempre basadas en conceptos que ya se dominen. Nos irá mejor.

Publicado por Marisa_Bidilla @ 11:59  | El aprendizaje
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