Viernes, 04 de noviembre de 2005
Miras algo y ves lo que es. Yo miro algo y veo lo que puede llegar a ser.

En la figura del entrenador los jugadores verán a un guía, a un líder, a un gurú, a un padre... Son palabras que llevan implícitas unas responsabilidades que debemos de estar dispuestos a asumir con el máximo interés que seamos capaces. Mucha gente dependerá de las acciones del entrenador, por lo que hemos de representar nuestro papel muy seriamente. El objetivo más importante que hemos de encarar con el mayor apasionamiento posible es asegurarnos que todo el personal que nos rodea -incluyéndonos a nosotros mismos- aprenda a divertirse con el juego. De esta forma nadie vivirá las sensaciones de miedo y estrés que a veces lleva implícitas la práctica deportiva.

Dentro del papel que un entrenador representa existe un cierto componente teatral en lo que a puesta en escena se refiere. La imagen que transmite un entrenador que va a los partidos bien vestido con traje y corbata, que muestra seguridad en sus acciones y hace gala de una gran educación por encima de las circunstancias, es de control sobre sí mismo. Si aspiramos a una larga trayectoria en los banquillos tenemos que empezar por ganarnos un respeto también fuera de nuestro club. Estos “pequeños” detalles tantas veces olvidados nos ayudarán a conseguir nuestro objetivo. Si conseguimos que todas nuestras acciones se desarrollen dentro de una parafernalia de éxito, tendremos más posibilidades de obtenerlo realmente.

En el polo opuesto nos podemos encontrar con el entrenador que no cuida su imagen, dirige obscenidades a árbitros, miembros del equipo contrario o público, que se deja llevar por los acontecimientos o que parece a punto de reventar en situaciones de alta tensión. ¿Realmente transmite la seguridad que todo jugador necesita para poder disfrutar del juego?

El entrenador, como responsable de la enseñanza y aplicación de las habilidades técnico-tácticas, ha de tener muy claros los conceptos a desarrollar. Esto significa que necesitará dedicar un tiempo al análisis de los objetivos a alcanzar para poder transmitirlos sin lugar a dudas. No deberá de intentar enseñar conceptos que no tenga muy claros o que no sepa transmitir con claridad. Esta actitud podría generar, cuando menos, desconcierto entre sus pupilos.

Tampoco resulta conveniente el exceso de palabrería en los entrenamientos. Esta actitud puede ser debida a la falta de seguridad, a la intención de asombrar con nuestros conocimientos o simplemente a carecer de mejores opciones. Pasado un tiempo el resultado siempre conducirá al aburrimiento y la indiferencia del jugador.

Otra consecuencia del exceso de palabrería es la parálisis mediante el análisis. Un aluvión de ayudas verbales requiere mayor tiempo para su asimilación por parte del jugador. Llega un momento en que las instrucciones no son asimiladas al ritmo que se van produciendo. El jugador entonces opta por dos soluciones: o bien se bloquea intentando asimilar una de las instrucciones o se abstrae de toda información. En cualquiera de las dos situaciones el resultado es el mismo. Resulta más conveniente -y por supuesto más efectivo- sintetizar nuestras ideas en un par de claras y concisas instrucciones cada vez que deseemos corregir alguna actitud. Durante nuestros comentarios dirigiremos nuestra mirada a los ojos de nuestros interlocutores para, seguidamente, realizar una demostración práctica. Una vez finalizado este proceso atenderá las dudas que nos planteen los jugadores y, si fuese necesario, volverá a recrear las situaciones objeto de nuestras explicaciones.

Ni todos los jugadores requieren la misma atención ni el entrenador tiene la misma capacidad de influencia sobre todos los miembros de su equipo. En cualquier grupo nos encontraremos con jugadores que demandan una mayor dedicación por nuestra parte ya sea debido a limitaciones técnicas o a necesidades afectivas. El resto del grupo ha de entender y aceptar los motivos que llevan al entrenador a dedicar más tiempo a unos jugadores que a otros.

Si bien las habilidades técnico - tácticas son el referente más claro dentro de las labores del entrenador, existen otras parcelas que pueden no ser tan obvias pero, sin duda, son iguales de importantes. El establecimiento de objetivos, el uso de auto-instrucciones, el enfoque atencional, el control de la sensación de cansancio, por poner algunos ejemplos que se tratarán con mayor profundidad a lo largo de este libro, son otro tipo de habilidades que entran también dentro del trabajo del entrenador.

Publicado por Marisa_Bidilla @ 13:08  | El entrenador
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios