Viernes, 10 de junio de 2005
¿Quién en su sano juicio quiere ser portero? ¿Qué hace que un individuo racional quiera ponerse en la trayectoria de una bola dura como una piedra golpeada por unos individuos obsesionados en pegarle tan duro como puedan?

El portero es el centro de atención. Podemos jugar sin cualquier otro jugador de pista, pero no sin él. Es el protagonista de la mayoría de las acciones. No puede esconderse tras un compañero. Sus vistosas protecciones...
Existe una parte más oscura en la vida de todo portero. Sus entrenamientos exigen mayor sacrificio. Su soledad es grande. Es un blanco fácil para las críticas cuando se pierde. Todo resulta más duro para él...

Porteros que paran hay muchos. Porteros que ganen partidos, menos (España siempre ha contado con excelentes guardametas: Carlos Largo, Santi García, Ismael, Trullols, Huelves...). Estamos firmemente convencidos de que un buen portero no se hace, nace. Y esto es así porque características como el coraje, la astucia, y la rapidez mental en la toma de decisiones afloran más fácilmente en unos individuos que en otros. Podríamos argumentar que toda habilidad necesaria para ser portero es entrenable pero ¿y el talento? Podemos trabajar duro con un portero limitado y convertirlo en aceptable pero nunca llegará a salirse de la media.

Durante el desarrollo del juego tendrá que hacer gala de una capacidad de concentración continua porque sus intervenciones son esporádicas pero endiabladamente rápidas. Recibe tiros sorpresivos, sufre regates rapidísimos y su mente tiene que funcionar al cien por cien, so pena de errar en la toma de decisiones. Cada decisión correcta, pero realizada a destiempo, tiene como resultado -a poco que acierte el atacante- recibir un gol.

Para los profanos en la materia, aunque su misión es clara -detener los lanzamientos a puerta-, sus características ideales pueden no serlo tanto. Dejando de lado las capacidades físicas, debe de poseer un gran dominio del patín, seguridad en sí mismo, sangre fría y valentía.
En su intervención durante el juego está constantemente desplazándose de lado a lado de la portería; se adelanta para tapar un tiro o intimidar a un atacante; recupera su posición después de una intervención; al contrario de sus compañeros, normalmente permanece en la pista todo el encuentro... ¿Podría hacer todo esto sin un gran dominio del patín?

Si está claro que tiene que tener una visión del juego, entonces debe de conocer cómo actuarán sus compañeros en todo momento. La mejor manera de involucrarse directamente en la intención de juego del equipo es estando presente cuando expliquemos situaciones tácticas a los llamados jugadores de pista (defensas y delanteros). Todos hemos visto, tanto en partidos como en entrenamientos, a un grupo de jugadores atendiendo a las explicaciones del entrenador mientras que el portero limpia su casco, bebe agua o -en el mejor de los casos- sigue a distancia los acontecimientos. ¿Se trata de una actitud en concordancia con el fin perseguido? No interpretemos que se trata de una abstracción por parte del portero. En la mayoría de las ocasiones, con o sin intención, es el entrenador el que no reclama la atención del guardameta y se limita a enviarle unas frases o gestos de apoyo al final de las explicaciones.
Pero el conocimiento de la táctica, y en esto sí que es igual a sus compañeros, no se limitará al equipo propio. Ha de conocer las características de todos y cada uno de los jugadores del equipo contrario: cómo y desde donde chutan, el tipo de regate preferido de cada uno, sus movimientos sin bola, etc. Todo esto le llevará a encontrarse en un proceso continuo de análisis del juego independientemente de la presión a la que esté sometido.

El portero no es únicamente nuestra última esperanza para evitar encajar un gol. Es a la vez nuestro primer atacante. Dirigiendo los rechaces, el portero puede generar rápidos ataques que resultan muy sorpresivos para el contrario.
Desde que se inicia en el juego, debemos de enseñarle que la razón de sus protecciones es evitar lesiones, no ha de tenerle miedo a los impactos de la bola. Un portero miedoso podrá detener un dispar a puerta pero el shock que le produce no le dejará reaccionar adecuadamente para sacar la bola de su zona.

La evolución durante su vida deportiva se caracteriza por atravesar por tres fases:
En la primera, cuando comienza, aprenderá las posiciones básicas y desplazamientos digamos ortodoxos.
Es en la segunda cuando ya comienza a desenvolverse con soltura, él mismo se fijará en otros porteros y querrá imitarlos. ¡Cuidado! Hay que tener cuidado con las imitaciones porque no son buenas para crear un estilo propio. Lo más conveniente es saber adecuar esos estilos a las características del individuo.
Y por último, la tercera fase se caracteriza por la madurez del su estilo. Se siente seguro y el trabajo de mejora del rendimiento se basa por completo en sus movimientos gestuales propios.

El arte de parar, porque se trata de un arte, es compendio de reflejos, conocimiento del juego, condiciones físicas y un poco de suerte. Cualquier portero puede explicar teóricamente cómo como detener una bola desde la posición básica pero hay algo más que escapa al entendimiento cuando vemos actuar a un portero parando bolas imparables a una velocidad de vértigo con las partes del cuerpo más inverosímiles.

Publicado por Marisa_Bidilla @ 19:18  | El juego
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Comentarios
Publicado por Invitado
S?bado, 10 de septiembre de 2005 | 15:53
Totalmente de acuerdo con esta exposici?n, aunque un buen portero adem?s de dirigir el juego de su equipo en defensa procura conocer la forma de disparo del jugador contrario, se fija en jugadas tipicas que normalmente siempre hace un jufador y en la posici?n del stick antes del disparo, as? puede saber con bastante exactitud en donde el delantero contrario quiere mandar la bola, eso le da un margen de tiempo para prepararse a despejar la bola y le permite decidir a donde mandar? la misma.