Lunes, 16 de mayo de 2005
La continuidad y perseverancia en el trabajo es el camino que nos llevará a alcanzar los éxitos deportivos duraderos. Es demasiado corriente, en categorías inferiores, confundir el éxito con la victoria en una competición. Anteponer la victoria del conjunto al éxito individual conduce a la frustración del jugador que ve una y otra vez, desde el banquillo, a sus compañeros disfrutar del juego. La confusión de éxito y triunfo nos llevará al subdesarrollo de las capacidades de un número indeterminado de niños de entre los que formen un grupo de trabajo; a la contaminación de las etapas de desarrollo y formación; y a la creencia por parte del adulto de que el modelo de competición para deportistas completamente formados es válido para los niños.

Dejando a un lado los condicionantes económicos, el entrenamiento con niños requiere grandes dosis de desinterés y paciencia. Al comienzo de su evolución, el deportista precisa una gran estabilidad social y emocional. Debe de amar su deporte únicamente por el placer que le produce practicarlo con sus amigos. Las situaciones que se desprenden de la práctica a una edad mayor deben de ser evitadas.

Más veces de las deseadas, niños con determinados problemas familiares, en pleno proceso de evolución, son forzados por sus padres a actuar de formas determinadas cuando lo único que están haciendo es volcar sus frustraciones en aquel, convirtiéndolo en una marioneta en la cual el padre se ve a sí mismo. No es el niño el que salta a la pista sino que es el padre el que lo hace cada fin de semana y ve cada encuentro como si una gran final de una Copa de Europa. Es la raíz de los graves comportamientos antideportivos en las gradas; los “concienzudos” análisis tácticos, y un sinfín de situaciones caricaturescas a las cuales, por desgracia, estamos acostumbrados.

Si a todo el cóctel mencionado le unimos la personalidad de un entrenador Ladrón de Niños obtenemos un equipo de jugadores seniors de once años.

El primer mandamiento de un entrenador es el de trabajar con los jugadores que dispone y explotar al máximo las condiciones que lleven dentro. La máxima expresión del enunciamiento anterior se encuentra en las categorías de base. Es el principio fundamental de la relación jugador - entrenador.

Cuando un niño ve a su entrenador buscando fuera del club lo que no es capaz de encontrar dentro de sus jugadores, comienza su desmotivación por el deporte. La desilusión aparece a una edad en la que el niño es muy receptivo a este tipo de emociones. A costa de desfigurar a su propio equipo, el entrenador seguirá buscando jugadores durante toda la vida deportiva en otros clubes. ¿Cómo van a ser más importantes las aspiraciones de un niño que las de un entrenador egoísta?. Le damos un pequeño caramelo de vez en cuando y listo...

Detrás del pretexto de reforzar al equipo se esconde una necesidad de autoafirmación personal y la búsqueda de un reconocimiento a la labor desarrollada cara al Club, padres, colectivo de técnicos y otros estamentos federativos. No es ni más ni menos que una práctica vampírica en la que se chupa la sangre de otros equipos para alimentar el ego. Es una práctica vital para el Ladrón de niños, pues sin ella de niños moriría por la falta de victorias que tan alarmantemente necesita a corto plazo.

En la búsqueda desesperada de la afirmación personal, el Ladrón de Niños, necesita de triunfos constantes para justificar ante la directiva la idoneidad de su contratación. Lo malo es que no se da cuenta que el camino es otro. Ya no estamos en la época en la que los entrenamientos eran empíricos. Es preciso una constante evolución de las capacidades del entrenador por medio del método y la analítica de la disciplina deportiva. Aunque la experiencia es muy importante en el desarrollo profesional de un entrenador únicamente la unión de ésta con el estudio nos lleva a un imprescindible y continuo reciclaje. Da igual que se asista a numerosas concentraciones deportivas si lleva mil años haciendo lo mismo y lo único que se saca de ellas es un folio con nombres.

La situación que hemos denominado vampírica tiene una vertiente más reprobable cuando se produce en el seno club adscrito a un colegio. Cuando esto ocurre pone de manifiesto graves carencias éticas. El disponer de una cantera potencial entre los alumnos y no aprovecharla es una licencia que no todos los clubes pueden se pueden permitir. Por otro lado, resulta un derecho innegable para un niño el desarrollo de una actividad deportiva dentro de su propia escuela la cual está obligada a facilitarle el mismo. ¡Que mayor ilusión para un niño el poder lucir los colores de su colegio!. Si no fuese así, no sólo la ética de los dirigentes deportivos de la entidad la que quedaría por el suelo sino también la de todo el colegio.

Si nos fijamos un poco, el entrenador Ladrón de Niños es fácilmente reconocible. Aprovechan cada cambio de club para buscar incorporaciones de un tercero. Gustan de zambullirse en el “mercado” de jugadores como si fuese un gran intermediario futbolístico.
Al Ladrón de Niños utiliza las capacidades de sus pupilos como promoción propia. Quiere tener en sus filas a un habilidoso jugador de otro equipo para poder vanagloriarse de lo bien que trabaja los entrenamientos y de la fantástica progresión que obtienen los jugadores que están con él. Se aprovecha de la facilidad que tiene un niño en ser ilusionado. Y sobre todo es extremadamente vulnerable a los halagos. Si no se tiene un poco de cuidado se le puede reconocer, equivocadamente, una gran capacidad porque obtiene resultados a corto plazo a fuerza de debilitar a equipos rivales quitándoles jugadores.

El tipo de actitudes que relatamos denotan una gran falta de profesionalidad en el Ladrón de Niños y una alarmante falta de ética deportiva en los clubes que lo permiten.

La progresión de un deporte viene dada por la progresión de todos y cada uno de los clubes que lo fomentan. Actividades puntuales egoístas sobre una población de deportistas más o menos extensa generará de una forma directamente proporcional el fracaso de toda la comunidad. Es decir, la búsqueda de un equipo extremadamente competitivo en decrimento del resto implicara la desaparición de rivales de su mismo nivel y la desmotivación de los deportistas al no encontrar situaciones de juego donde puedan disfrutar esforzándose por vencer.

Publicado por Marisa_Bidilla @ 17:36  | Opini?n
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