S?bado, 21 de abril de 2012

Cuando uno cree que lo ha visto y oído todo, de repente ¡zas! La realidad supera la ficción.

Momentos antes de iniciarse un partido de categorías inferiores, el colegiado se dirige al entrenador presentándole, eso sí con una sonrisa de complicidad de oreja a oreja, la siguiente declaración de intenciones:

"Voy a ver primero el nivel de cada equipo y pitaré o no según lo que sean capaces de hacer, porque claro a algunos les cuesta más, bla, bla, bla..." (Y el entrenador, ingenuo de él, que pensaba que existía un reglamento al que atenerse...)

El cuento de la cigarra y la hormiga en patines. Todo el verano (léase entrenamientos) pegándose palizas haciendo conos, derrapes, trabajando su técnica individual, trabajando una y otra vez a los fundamentos del Hockey Sobre Patines, lo que vulgarmente se llama "dando el callo", todo eso da exactamente igual. Ya vendrá después el amigo de la cigarra a igualar a los contendientes.

No sé cual es origen de esta filosofía. A lo mejor es producto del pensamiento proteccionista con el que una gran parte de la sociedad embadurna a sus vástagos o quizás tenga un origen más simple. Pero no quiero yo seguir por esos derroteros que nos alejarían de la idea sustancial que me impulsa a escribir este artículo: la recompensa al esfuerzo y la preparación. Lo de bajar michelines lo dejamos para otras edades.

Volvamos al hilo pues. Bajemos el listón -dice el colegiado- para que todos puedan saltarlo en vez de mantenerlo y enseñar a que lo hagan los que aún no pueden. Lo malo es que esta postura atenta contra una de las dos, si no las dos características citadas.

¿Y en qué se traduce eso? Pues en que;

-Si un niño no sabe patinar, no le pito penalty porque -pobrecito- le dió a la bola con el patín sin querer.

-Si un niño no es capaz de seguir a otro y hace lo que puede con el palo -pobrecito- es que le dio sin querer.

-Si un niño no saca una falta correctamente -pobrecito que el viernes no le enseñaron- pues nada, que la saque una y otra vez hasta que le salga.

No hay prisa porque estamos para aprender. Pues no, aquí y ahora no estamos para eso. Al menos no en ese sentido. Estamos para mostrar lo que hemos aprendido durante la semana y si el niño muestra sus carencias ante conocimientos que ya deberían estar asimilados dirijamos nuestras críticas a quien tenía la obligación de enseñarle. Mientras tanto un equipo acaba con catorce faltas en contra (es que van muy rápido) y el otro con seis (el de los pobrecitos, claro estáGui?o.

Pero esta actitud comodona, proteccionista y falsamente educativa no queda ahí. Está muy de moda la postura absolutamente sexista de: "como la niña no tiene suficiente nivel para jugar en su categoría con el equipo de niños, bajémosla una (si no dos) para que tenga minutitos y no estorbe. Aquí las tragaderas de los padres ya son olímpicas pero la falta es la misma: no exigimos a quién tiene la obligación de enseñar y le echamos el muerto al rival: "Tengo un par de niñas que se pasan de edad ¿Te importa que jueguen?". En un primer momento, por no quedar de borde les dices "Venga". Pero al rato te das cuenta de que la frase tiene truco. ¿Que se pasan de la edad? ¡Si estiro un poco más podrían ser sus madres! Alevines jugando con pre-benjamines. La igualdad no es dar las mismas oportunidades si no tratar igual.


Publicado por Marisa_Bidilla @ 23:46  | Opini?n
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Publicado por Invitado
Domingo, 22 de abril de 2012 | 0:02

estoy completamente de acuerdo con el artículo.

yo ya estoy aburrido de escuchar lo de pobrecitos que no saben enseñales.

es labor de entrenador la de enseñar la mia es de hacer que se cumpla el reglamento

Publicado por Invitado
Domingo, 22 de abril de 2012 | 19:57

joder crak es verdad!!!!!!!!!!! yo boto por que los juveniles patosos jueguen en alevines tambien ja,ja,ja,ja