Y yo pregunto:
-¿Se puede jugar a las diez de la mañana?
-¡Pues claro que se puede!-
La pregunta es fácil, ¿no? Bueno, fácil sí es pero he de confesar que tiene algo de trampa. Cambiemos sólo una palabra. Un verbo insignificante y modesto. Rehago la pregunta:
-¿Se debe de jugar a esa hora?
Esta vez no espero una respuesta. Yo mismo la daré.
-Rotundamente, NO.
Como todo el mundo sabe, y quizás sea este el único punto en el que estemos de acuerdo, que una cosa se pueda hacer no significa que se deba.
Entremos en materia. No es nada nuevo el marcar los horarios de los partidos a la hora, que más perjudique al contrario. Tan cierto como que no conozco caso de que esta sola acción haya influido de forma única y determinante en el resultado de un encuentro. Se trata de una práctica que, a mi modesto entender, nos dice mucho de la estrechez de mente del que utiliza estos métodos siendo esta inversamente proporcional a la categoría del equipo en cuestión. No se sabe cómo –o sí- hemos llegado a la utilización de estos métodos como arma arrojadiza y, dicho sea de paso, no muy deportiva que se utiliza incluso en partidos de críos.
Y si, para más inri, requiere un desplazamiento a otra localidad, apañados vamos. Y ya que digo vamos, vamos con un ejemplo. Huiré del extremo Vigo-Coruña y nos vamos a una distancia media, digamos Santiago-Coruña.
El simpático de turno marca un partido a las 10:00 en una de esas localidades. Como los equipos tienen la sana costumbre de llegar a la pista media hora antes del encuentro, nos encontramos con que a las 09:30. Con algo de suerte, el pabellón estará abierto y el conserje esperándonos con la mejor de su sonrisa si es que a esa hora de un domingo se puede esbozar una sonrisa sin levantar sospechas. Un agradable recibimiento después de un viaje que comenzó una hora antes entre resoplidos del padre cargando el coche, las prisas del niño y el comentario inequívoco. “lo apunto a yoga, de esta lo apunto a yoga y que practique en casa”.
Bueno, estábamos allá por las 08:30 de un magnífico fin de semana. Recordemos que los fines de semana, como todo el mundo sabe, los hizo Dios para descansar. Pues eso que a poco que el niño sea espabilado 40 minutitos para levantarse, sacarse las legañas y desayunar evitando dormirse y acabar con la cabeza dentro del tazón de Cola-Cao, no se los quita nadie. Así que son las… ocho menos diez o lo que es lo mismo las SIETE CINCUENTA en el despertador digital. Y visto así hace mucho, mucho daño. Aunque más daño hace ver que el partido que se juega a continuación lo disputan dos equipos de la misma ciudad.
Se juega el partido, aplausos, algún exceso verbal –de eso ya hablaremos otro día- comentarios y mientras le damos la bebida isotónica al crío, que por algo la toman los tenistas, vemos que los dos equipos que juegan a continuación SON DE LA MISMA CIUDAD.
Pues sabes que te digo hijo. Vamos a casa y ve bucándote otro deporte en el que, al menos, dejen dormir…