lunes, 29 de noviembre de 2010
Publicado por Bollero @ 21:01  | Opinión
Comentarios (0)  | Enviar

El Cerceda gana al Borbolla por 2 a 4 en Monte Alto ante 500 espectadores.

Como titular no está mal. Lo leí en la prensa herculina al día siguiente y si lo pone el periódico es que algo de eso hubo, aunque creo que allí pasaron más cosas. Por mi parte  no me resisto a rascar un poco en lo ocurrido en una jornada festiva para el Hockey Coruñés y por extensión, para el gallego, y si me siguen apurando…

No sé si eran quinientas las personas que llenaban el pabellón. Tampoco sé si ese mismo día eran trescientas las que fueron a ver el Liceo-Blanes de la Ok Liga. Probablemente no eran tantos ni en un lugar ni en otro, pero el Palacio estaba casi vacío y Monte Alto absolutamente lleno. Muchos asiduos a los partidos del Borbolla, acostumbrados a apurar la cañita pre-partido, tuvieron que conformarse con ver el choque de pie y, con suerte, junto con sus acompañantes. Alguna gloria del hockey coruñés tuvo que escaquear a la familia por medio el pabellón para que todos alcanzaran a ver partido. La comparación con las matinales de aquellos domingos con la Polideportiva de Riazor llena a reventar resultaba inevitable.

No había ninguna liga en juego. No había ningún morbo alrededor de la vuelta a casa del hijo pródigo que un día emigró más allá del Piedrafita y ahora vestía la camiseta de un rival convertido en enemigo por un periodista tendencioso. Lo que estaba teniendo lugar era la reivindicación del hockey de cantera. Sólo había dos equipos en pista pero todos los clubes herculinos estaban representados. Santa María del Mar, Dominicos, Liceo y Compañía de María tenían jugadores formados en sus canteras vistiendo una u otra camiseta.

En la pista del “barrio noble” de La Coruña se olía el mismo perfume de cuando esta era la única ciudad de España –y hablando de España y de nuestro deporte es decir mucho- que contaba con dos equipos en División de Honor (Liceo y Dominicos) y otros tantos en Primera (Xuntanza y Club del Mar).

Pero volvamos a la gente. Aquí y allá se formaban corrillos de veteranos del hockey que aprovecharon la ocasión para re-encontrase con viejos compañeros de fatigas. Si acaso, y por poner un pero, se echaba en falta más críos aunque, a decir verdad, los que había se hacían notar. Todo, todo el mundo del hockey estaba ahí. Bueno, quizás sea una exageración porque alguna falta a lista se notaba, pero alguno de los que no vinieron tampoco fueron echados de menos, más allá de algún que otro comentario, a veces, malicioso.

Y aquello empezó; y hubo emoción; y buen juego; y pasión.

¿Y quién ganó? Pues la verdad, ganó el hockey.

 

Carlos Parga


Comentarios