Martes, 18 de noviembre de 2008

La mejor estrategia es aquella que nos lleva al mejor resultado posible.  Los objetivos marcados a los jugadores siempre han de ser alcanzables, de lo contrario conducirán a la frustración del niño. En muchas ocasiones, sobre todo al jugar partidos, nos encontraremos ante rivales muy superiores a nosotros.  El convertir el partido en un juego finito de suma cero, crearemos una situación estresante en la que la dificultad provocará el rechazo del niño.

 

Los éxitos en los niños no tienen que ser necesariamente victorias en competiciones impuestas desde el exterior. Si influenciamos en el niño de forma que él lo crea podríamos generar consecuencias de mayor gravedad que la propia competición. Según pasan los años, un concepto del éxito erróneo genera una presión en el niño que tardará en superar o lo conducirá al abandono.

 

No debemos de alimentar el miedo al fracaso aumentando las expectativas sobre las capacidades del niño, puesto que el desarrollo de sus habilidades se retrasará. La progresión de las habilidades del se logrará a través de variadas competiciones deportivas en las que se puedan formar grupos de competición orientados en los niveles; para el niño cuenta en primer lugar el éxito, sólo en segundo o tercer lugar valoran el tipo de competición (Hann, 1982).

 

Por todo ello, el entrenamiento con niños ha de estar en manos de lo que podríamos llamar un entrenador de rendimiento el cual, antes que la victoria a cualquier precio, buscará el incremento de los rendimientos individuales. La exageración de las pretensiones, sobre todo si están basadas en la victoria, puede llegar a propiciar comportamientos agresivos. Consecuentemente la calidad de los entrenamientos se vería afectada negativamente puesto que para el niño primaría el resultado más que la práctica de la capacidad técnica para conseguirlo.

 

Aquí como en otras muchas cosas el fin no justifica los medios...

 


 

The best strategy is the one that leads to the best possible outcome. Targets set for the players always have to be achievable, otherwise it will lead to the frustration of the child. On many occasions, especially when playing games, we will play against a far superior rival.  Turning the match into a finite zero-sum game creates a stressful situation in which the difficulty will lead to the rejection of the child.

The successes in children are not necessarily victories in competitions. This can be a negative influence on the child and it could create more serious consequences than the competition. Over the years, a mistaken concept of success generates a pressure on the child. This stress can leads him –sooner or later- to the withdraw.

We must not feed the fear of failure increasing expectations about the capabilities of the child because the development of their skills will be delayed. The progression of skills will be achieved through a variety of competitions in which they can form groups of competitions aimed at levels account. For the child, the success is the first, only the second or third place he appreciates the type of competition ( Hann, 1982).

Therefore, training with children has to be in the hands of what we might call a ‘performance coach’ who before that victory at any cost, sought the increase the individual income. The overstatement of the expectations, especially if they are based on the victory,  could encourage aggressive behavior. Consequently the quality of the training would be affected adversely because the child take priority over the result that the practice of the technical capacity to achieve it.

Here as in many other things the end does not justify the means ...


Tags: Coaching, Training, Learning, Aprendizaje, Éxito, Entrenamiento

Publicado por Marisa_Bidilla @ 15:22  | El aprendizaje
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios