Viernes, 04 de abril de 2008

Con una buena selección de los productos, unos horarios fijos para la realización de las comidas y con la mayor variedad de alimentos posible tendremos más que suficiente para crear la dieta base idónea.

 

Los alimentos con mayor presencia en nuestra dieta deben ofrecernos unas buenas garantías nutritivas. Nos estamos refiriendo a las verduras, la fruta fresca, las patatas, los productos lácteos e integrales, el pescado y, al menos una vez por semana, las carnes magras. No quiere decir esto que debamos de renunciar a nuestros gustos personales (bollería, dulces, chocolate, etc.) ni siquiera a hábitos como cenar en una pizzería o salir a tomarse unas tapas, pero sí deben de ser actitudes tomadas con prudencia y siempre ha de tratarse de actividades esporádicas.


En lo concerniente a horarios y frecuencias, nuestra dieta base deberá consistir en cinco comidas repartidas a lo largo del día. De todas ellas, tres tendrán  una mayor carga energética y las otras dos, intercaladas entre las principales, serían de tipo tentempié.


En lo concerniente a la dieta de entrenamiento, esta debe ser igual de variada y con la misma estructuración que la dieta base. Durante los períodos de entrenamiento deberemos de huir de los cocidos, alimentos grasos, pescados escabechados, conservas, coliflor, col, espinacas, pepinos, cebollas y bebidas alcohólicas.


Aunque nuestras costumbres hacen que la principal comida sea la que tiene lugar al mediodía, lo cierto es que sería más apropiado distribuir más uniformemente el aporte calórico diario. Como norma general, el desayuno la comida y la cena deben aportar cada uno el 25% de la energía total diaria. La otra cuarta parte se repartirá entre los dos tentempiés (10% - 15%).

 


Publicado por Marisa_Bidilla @ 16:16  | La alimentaci?n
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