
De vuelta a casa es el momento de hacer balance sobre todo lo ocurrido en tierras del Penedés durante el último fin de semana. Y no sería justo comenzar de otra forma que resaltando el excepcional trabajo llevado a cabo por la organización de la III Copa de la Reina. Trabajo y esfuerzo de voluntarios anónimos que quisieron dar lo mejor de sí mismos con un solo objetivo: Hockey Femenino.
Pero esta competición se vivió dentro y fuera del pabellón del Ateneo. Es emocionante el que gente anónima te pare por la calle interesándose de dónde vienes y deseándote una buena estancia entre ellos de forma sincera. Deseando que no olvides a las gentes del pueblo cuando te vayas. Deseando transmitir un mensaje de hospitalidad que perdure. En definitiva, borrando fronteras y entrelazando vínculos personales.
Parte importantísima de todo acontecimiento deportivo es el público. Como no podía ser de otra manera en un santuario del Hockey como es Sant Sadurní, la afluencia de público a los partidos, y no sólo cuando jugaban las locales, fue digna de una competición como esta. Ver las gradas llenas de gente conocedora y sabedora de hockey motivó de manera especial a las participantes.
Y qué decir de las jugadoras. De TODAS las jugadoras. El Hockey Femenino es distinto. No hay enemigos sólo rivales. No hay cortesía en el saludo. Hay amistad, compañerismo. Hay valores deportivos puros. Asistir a una competición de Hockey Femenino es desenmascarar a los farsantes del deporte, a los periodistas “busca-polémicas”, a entrenadores miserables, a jugadores ventajistas, a tanta gente que todos los días hacen tanto daño al deporte…
A todos: gracias por haber puesto cada uno lo mejor de sí. El listón está muy, muy alto.


















