Viernes, 12 de octubre de 2007
Con el objetivo de aumentar el número y la calidad de las conductas deseables, así como disminuir las que no lo son, el entrenador dispone de dos formas de control sobre ellas. Son los refuerzos positivos y los refuerzos negativos. Otros autores se refieren a ellos como aproximaciones positivas y aversivas. El objetivo de las mismas es fortalecer las conductas deseables en un caso y en otro eliminar las no deseables a través de la crítica.

En otras palabras, el reforzamiento de la conducta, cosiste en aplicar consecuencias favorables ante determinadas situaciones de forma que sea patente para el jugador la ejecución y/o decisión realizada. Buscamos con esto que aumente la probabilidad de que reaccione de forma correcta y similar ante situaciones parejas.

Existen también reforzadores sociales y materiales. No son nada nuevos para el entrenador. Todo el mundo los ha utilizado alguna vez con mayor o menor intencionalidad. Los llamados reforzadores materiales son objetos tangibles con un cierto valor para el jugador (beber agua, un minuto de descanso, etc.). Por otro lado, los reforzadores sociales son aquellos en los que el entorno del jugador se manifiesta de forma gratificante (unas palabras de reconocimiento por parte del entrenador).

La mejor manera de corregir errores es fortaleciendo las conductas correctas mediante la aplicación de refuerzos positivos. En esta situación, el deseo de obtener éxito prima sobre el miedo lógico al fracaso. El objetivo es establecer una relación entre el entrenador y el grupo de trabajo sobre la base de la demanda de ayuda y un fortalecimiento de las conductas deseables. La voz de aliento o el aplauso son refuerzos positivos. De hecho estamos animando a que se repita la conducta en situaciones posteriores teniendo como base los mismos estímulos. Sólo una única precaución: no todos los refuerzos positivos valen para cualquier jugador. La satisfacción que puede encontrar uno en un reconocimiento público puede convertirse en una situación embarazosa para otro.

El refuerzo negativo -o aproximación aversiva- puede llegar a hacer disminuir las conductas no deseables pero conlleva efectos colaterales que pueden convertirse en un serio lastre:

 Miedo al fracaso
 Aversión al entrenador y sus métodos
 Falta de adherencia al entrenamiento
 Aparición de situaciones amenazantes
 Ansiedad, resentimiento, hostilidad

Como situación extrema, la aproximación aversiva, puede llevar a una cohesión entre los miembros del equipo en base a un odio generalizado hacia el entrenador.

Después de todo lo expuesto ¿debemos de huir de los refuerzos negativos? La respuesta es: no completamente. Pueden ser utilizados ocasionalmente con fines disciplinarios o instruccionales teniendo muy en cuenta y sopesando muy bien las desventajas que pudiese acarrear su aplicación.
Publicado por Marisa_Bidilla @ 22:27  | Psicología
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Publicado por Invitado
Lunes, 07 de mayo de 2012 | 2:48

la verdad es que me queda la duda, pueden dar algunos ejemplos?, por fa, es para una prueba xD

Publicado por Invitado
Martes, 08 de mayo de 2012 | 19:10

La típica foto del "empleado del mes" en el Mac Donalds sería un refuerzo social positivo. El refuerzo negativo, sería algo aproximado a lo que todo el mundo llama "castigo". "15 flexiones mientras los otros descansan".

Publicado por Invitado
Miércoles, 20 de febrero de 2013 | 11:52

Nunca refuerces de manera negativa con deporte  así como dice el usuario anterior(flexiones) ya que cuando quieras mejorar su condicionamiento físico con flexiones lo asociará a un castigo por lo tanto un refuerzo negativo seria dejar en el banquillo al jugador en el siguiente partido 

Publicado por Invitado
Miércoles, 20 de febrero de 2013 | 11:53

Nunca refuerces de manera negativa con deporte  así como dice el usuario anterior(flexiones) ya que cuando quieras mejorar su condicionamiento físico con flexiones lo asociará a un castigo por lo tanto un refuerzo negativo seria dejar en el banquillo al jugador en el siguiente partido