Viernes, 24 de noviembre de 2006
La falta y el exceso de adherencia a los entrenamientos

Mediante la observaci?n de actitudes dentro y fuera de la pista, el entrenador ha de detectar la falta de adherencia al entrenamiento del jugador. No debemos de anotar en nuestro cuaderno de entrenamientos s?lo las cuestiones estrictamente t?cnicas o t?cticas. Existen actitudes relevantes que tambi?n deben de ser tenidas en cuenta. Para ello, el entrenador ha de realizar un detallado seguimiento de sus jugadores en lo relativo a las faltas de puntualidad, ausencias y dem?s.

A la hora de analizar las incidencias, nos fijaremos si estas guardan relaci?n con el programa de entrenamientos o bien se deben a motivos que van m?s all? de la mera actividad deportiva. Puede ser que un jugador llegue tarde para evitar una parte del entrenamiento que no es de su agrado (p.ej: ejercicios f?sicos al principio de cada sesi?n), o bien que se escude en excusas tales como estudios u otro tipo de cuestiones que, seg?n ?l, resultan incompatibles con el entrenamiento.

Sea cual fuere el motivo de la falta de adherencia, se hace preciso adoptar soluciones lo antes posible con el fin de recuperar al jugador y evitar que su ejemplo pueda ser imitado. De nuestra habilidad depende el resultado. Ante una situaci?n en la que un jugador sistem?ticamente llega tarde con el fin de evitar los contenidos del principio de las sesiones, una buena soluci?n ser?a comenzar con ejercicios relajados, ricos en sensaciones y amenos. Ya dentro del desarrollo del entrenamiento, primaremos al jugador cumplidor y puntual dejando sin participar en los ejercicios m?s gratificantes a los que no hayan cumplido en las tareas m?s exigentes.

Podemos encontrarnos tambi?n con el caso contrario del p?rrafo anterior: el exceso de adherencia. ?ste viene ?ntimamente relacionado con el estr?s. Es el resultado de una motivaci?n muy alta pero incontrolada. La mayor?a de las veces viene inducida por elementos que rodean al entorno del jugador. El ansia excesiva por rendir al m?ximo de sus posibilidades, las ganas de sobresalir o la preocupaci?n ante el fracaso pueden llevar a que el jugador realice trabajos "extra" auto impuestos que le producen una sensaci?n de bienestar. Pero esta situaci?n le llevar? a corto plazo a un d?ficit f?sico que querr? superar con mayores cargas de trabajo generando una espiral sinf?n y a un bajo rendimiento. Este comportamiento obsesivo le producir? una falta de control de la situaci?n de la que es dif?cil salir. Es una situaci?n muy delicada porque, en ocasiones, los entrenadores estamos muy satisfechos con este tipo de jugador: entrena mucho, es sacrificado y siempre pide m?s. Pero no nos damos cuenta del riesgo que estamos corriendo: el sobre-entrenamiento.

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Viernes, 17 de noviembre de 2006

Aunque parece clara la necesidad de que la psicología deportiva penetre con todas sus consecuencias en el ámbito del deporte, la mayoría de las veces resulta confusa la postura adoptada por los propios profesionales de esta ciencia pareciendo no encontrar un sendero por el que adentrarse en el mundo del deportista ni un campo de acción por el cual moverse con paso firme y seguro.

De la anterior situación cabe deducir que, para los psicólogos, la búsqueda del objeto a estudiar se encuentra en una fase de excesiva experimentación, la cual produce un rechazo tanto en los deportistas como en sus entrenadores al percibir la sensación de que se les utiliza como conejillos de indias mientras esperan soluciones a los problemas surgidos de sus interrelaciones.

Si la psicología aparece como una ciencia en el deporte en los años veinte, cabe preguntarse sobre el retraso de la evolución de la misma con respecto a otras disciplinas deportivas.
El avance de esta disciplina en los países del Este con respecto a Occidente puede tener un origen más socio-político que puramente deportivo. Mientras que más allá del Telón de Acero la vida del deportista se encontraba dentro de un mundo aparte de la sociedad (con los estados de tensión e irrealidad que conlleva), en El Mundo Librela vida de un deportista era intrínseca a la sociedad a la cual pertenecía.

En las sociedades occidentales, la estructuración del deporte era -y sigue siendo- menos controlada por el Estado. Se busca la amortización de los capitales invertidos en el deporte por los clubes y por lo tanto la incorporación de nuevos profesionales al deporte ha de venir precedida por unos resultados demostrables y compensatorios.
En nuestro país, alejado durante muchos años de esta disciplina, la situación es ciertamente distinta:

El profesional (psicólogo) ya establecido no encuentra una compensación económica ciertamente beneficiosa en esta disciplina.

Jóvenes sicólogos, faltos de experiencia y deseosos de abrirse camino dentro de un mercado laboral difícil, se adentran dentro de una disciplina poco explorada en la cual piensan tomar una ventaja sobre sus colegas novatos de otras ramas. Normalmente basan su actuación en experiencias de ensayo-error debido a su escaso currículo profesional.

Una disciplina nueva es recibida con escepticismo y altas expectativas de productividad. Los deportistas y entrenadores, llegado el momento, ven que o bien los resultados no son los esperados o, por contra, les invade la sensación de objetos de un experimento pudiendo surgir entonces un sentimiento de invasión de competencias por parte del entrenador.

Los profesionales del deporte evalúan el tiempo y medios empleados y valoran la actuación del psicólogo.


Evidentemente hemos descrito una cadena de sucesos que, si bien puede no ser correcta en algunos casos, pensamos que sí lo es en un elevado porcentaje. Todo lo anterior genera un cierto escepticismo en un gran número de deportistas. Si a todo esto unimos la falta de una cultura psico-deportiva desde las categorías inferiores del deporte y las actuaciones de entrenadores neo-eruditos del mundo del fútbol mezcladas con desinformación publicada en la prensa del metro obtendremos la paella en la que se encuentra en estos momentos la psicología deportiva en nuestro país. Excepciones, las hay.

Pero no nos desanimemos porque, a medida que ha ido transcurriendo el tiempo, el plano teórico de las definiciones se ha acercado poco a poco al plano de lo concreto y se está haciendo un hueco dentro de la teoría del deporte interrelacionándose, sin solaparse, con las demás disciplinas existentes en las otras ciencias del deporte.

En lo referente a la conexión existente entre lo que los psicólogos investigaban y lo que el deportista reclamaba nos encontramos todavía en una fase de acercamiento mutuo. Quizás por eso, la apuesta más conveniente sea la utilización de la psicología en la relación entrenador vs. deportista que en la actuación exclusiva del psicólogo sobre el jugador.


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Viernes, 10 de noviembre de 2006

PLANTEAMIENTO INDIVIDUALIZADO DE UN PARTIDO

Una buena manera para preparar un partido (o un entrenamiento) consiste en individualizar los objetivos a alcanzar. Imaginemos a un entrenador como el director de una orquesta. Como es lógico, el fin de la dirección es una interpretación satisfactoria. Que la orquesta suene adecuadamente no es mérito exclusivo del director. Cada intérprete aporta sus conocimientos, tiene definida su tarea en las partituras y sabe exactamente lo que se espera de él. Del mismo modo conoce lo que hace el resto de sus compañeros sin importarle cómo.

Nuestro caso, salvando las distancias, es muy similar. Nuestros jugadores han de saber lo que esperamos de ellos en cada situación individual concreta y en relación con el resto del equipo para conseguir que todos “toquen la misma melodía”. Sería absurdo entrenar un desmarque de un delantero hacia un el punto de penalti y sin tener a alguien con la misión de encontrarlo allí mediante un pase.

Un pequeño ejemplo de un planteamiento individualizado lo podríamos materializar escribiendo en varias columnas los objetivos de cada jugador. En la primera columna plasmaremos los objetivos individuales del jugador. Son misiones concretas que no dependen, relativamente, de otros compañeros.

Los objetivos relacionales (en la 2ª columna) tratan de situaciones en los que al menos un segundo jugador entra dentro del objetivo. Especifica la situación en pista con relación a los demás miembros del equipo.

La ventaja del planteamiento teórico es que el equipo contrario adopta la actitud que nosotros queremos. Pero claro, la realidad es un poco distinta y nosotros debemos de preverla. Lo que sí podemos hacer es alertar a nuestros jugadores de las dificultades más generales que puedan encontrar (3ª columna) así como de las soluciones previstas (4ª columna) para, a lo largo del encuentro, concretarlas en función del desarrollo del juego por parte del oponente.




PLANTEAMIENTO GENERAL DE UN PARTIDO

Llegados a este punto y si hemos realizado adecuadamente el planteamiento individualizado del partido, nuestro trabajo se verá aquí muy avanzado. Es hora de establecer la táctica de conjunto, influir más acentuadamente en la motivación del equipo y transmitir nuestra visión global de la situación.

La capacidad de síntesis del entrenador se pone ahora a prueba. El saber discernir entre la información principal y la accesoria para transmitirla a sus jugadores es un arma vital. Un exceso de información genera dificultad para asimilarla y por lo tanto puede crear confusión y dudas en nuestros jugadores. Éstos deberán de tener unos conceptos claros y concretos sobre lo que se espera de sus compañeros.

La mejor forma para preparar un partido es sin duda la simulación de éste en un entrenamiento. Ese momento nos brinda la oportunidad de recrear situaciones que nos interesen, parar la simulación para corregir actitudes, jugar con el cronómetro, etc.

Cada entrenador emplea una sucesión de acontecimientos propia con el fin de preparar un partido. Unos utilizan charlas previas a los entrenamientos en los que el objetivo es el partido del fin de semana siguiente. Otros prefieren las reuniones más o menos formales sin patines, (bien sean en el vestuario, sala de reuniones, etc.). También están los que prefieren comentar las situaciones a medida que se producen durante los entrenamientos... Aquí no hay recetas. La única precaución que debemos tener es no exigir a nuestro equipo nada que no haya sido tratado y entrenado previamente.

Normalmente, utilizaremos el primer entrenamiento de la semana para recrear los errores cometidos en el último partido jugado. En las sesiones siguientes los objetivos se encaminarán a trabajar nuestras facetas del juego que consideremos más débiles y también las que puedan servirnos de ayuda para el planteamiento del partido siguiente. Si nuestro trabajo se ha desarrollado de forma adecuada, el último entrenamiento se podrá enfocar a la simulación del enfrentamiento que disputaremos el siguiente fin de semana.

A medida que transcurra la temporada, los entrenamientos tendrán una mayor carga táctica que nos permitirá dedicar más sesiones semanales a la preparación específica de los encuentros a disputar.

 


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Viernes, 03 de noviembre de 2006

Si bien en un principio puede parecer que la situación defensiva se vea condicionada por las situaciones creadas por el atacante, el objetivo principal del defensor se centra en que sea el oponente el que tenga que modificar sus decisiones continuamente en función de las acciones defensivas. Esto es: mantener la iniciativa del juego aun cuando no se esté en posesión de la bola.

En realidad la defensa comienza en el ataque, más exactamente en el momento en que nuestro equipo pierde la posesión de la bola. Por este motivo -aunque deberíamos de referirnos ello cuando hablamos del ataque- puede haber situaciones de juego en las que seamos muy vulnerables en el caso de perder la posesión. La interrelación entre defensa y ataque es tan dependiente que, de hecho, la diferencia más clara está en el poseedor de la bola.

El intento de recuperación de la misma, el dificultar la toma de decisiones del poseedor de la misma, la cobertura de espacios, la presión, ¿no son una forma de atacar al contrario? Veamos los objetivos fundamentales de la defensa:

Recuperación de la bola.
Obstaculizar los movimientos de ataque del equipo contrario.
Protección de la portería.


Comenzaremos a elaborar nuestro planteamiento defensivo, al igual que el ataque, de forma individualizada para, posteriormente, añadir más elementos participantes. Una vez que nuestros jugadores tengan claros los objetivos fundamentales de la defensa, pasaremos a entrenar nociones básicas de táctica defensiva individual como son: el marcaje, la intimidación, la recuperación de la bola, la atención y las ayudas.


Todo defensor, en el desarrollo de su labor como tal, tratará de:

Evitará que el contrario pueda recibir en zonas consideradas peligrosas (por ejemplo, llevándolo hacia los laterales y obligándolo a encontrarse acosado e incómodo cuando intente penetrar en zonas en zonas peligrosas).
Generará una alineación, ya sea con la portería y su marca o con este y el poseedor de la bola, para evitar la recepción.
Prestará ayudas a sus compañeros cuando la acción contraria lo requiera (desbordamiento) o en situaciones previamente acordadas por el entrenador. Todo jugador, a lo largo de un partido, dispone de una atención general y otra que se refuerza en momentos puntuales en la cual se manifiesta más activamente cuando la situación le involucra particularmente, cuando existe una situación de peligro y -y aquí debemos de reforzarla- cuando la situación le es "familiar". Ésta última le aporta seguridad puesto que tiene conocimiento de los posibles resultados de la acción.
Se opondrá con su cuerpo a las trayectorias de los tiros a puerta.
Deberá de hacerse siempre presente a los ojos del contrario con el fin de resultar una amenaza constante para el desarrollo del ataque (mostrarse en una continua disposición de interceptar un pase o hacer peligrar una recepción).



Su actitud no será en ningún momento pasiva. De la constante agilidad, atención y anticipación de la actitud defensiva individual dependerá el éxito del conjunto. Encontrarnos con un jugador estático en defensa representará por sí mismo nuestro punto más débil. Para el contrario será muy fácil sobrepasarlo.

El abstracto concepto de “tensión defensiva” no es más que la aplicación correcta y constante de la actitud defensiva por todos y cada uno de los jugadores. En una palabra: continuidad.


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