La falta y el exceso de adherencia a los entrenamientos
Mediante la observación de actitudes dentro y fuera de la pista, el entrenador ha de detectar la falta de adherencia al entrenamiento del jugador. No debemos de anotar en nuestro cuaderno de entrenamientos sólo las cuestiones estrictamente técnicas o tácticas. Existen actitudes relevantes que también deben de ser tenidas en cuenta. Para ello, el entrenador ha de realizar un detallado seguimiento de sus jugadores en lo relativo a las faltas de puntualidad, ausencias y demás.
A la hora de analizar las incidencias, nos fijaremos si estas guardan relación con el programa de entrenamientos o bien se deben a motivos que van más allá de la mera actividad deportiva. Puede ser que un jugador llegue tarde para evitar una parte del entrenamiento que no es de su agrado (p.ej: ejercicios físicos al principio de cada sesión), o bien que se escude en excusas tales como estudios u otro tipo de cuestiones que, según él, resultan incompatibles con el entrenamiento.
Sea cual fuere el motivo de la falta de adherencia, se hace preciso adoptar soluciones lo antes posible con el fin de recuperar al jugador y evitar que su ejemplo pueda ser imitado. De nuestra habilidad depende el resultado. Ante una situación en la que un jugador sistemáticamente llega tarde con el fin de evitar los contenidos del principio de las sesiones, una buena solución sería comenzar con ejercicios relajados, ricos en sensaciones y amenos. Ya dentro del desarrollo del entrenamiento, primaremos al jugador cumplidor y puntual dejando sin participar en los ejercicios más gratificantes a los que no hayan cumplido en las tareas más exigentes.
Podemos encontrarnos también con el caso contrario del párrafo anterior: el exceso de adherencia. Éste viene íntimamente relacionado con el estrés. Es el resultado de una motivación muy alta pero incontrolada. La mayoría de las veces viene inducida por elementos que rodean al entorno del jugador. El ansia excesiva por rendir al máximo de sus posibilidades, las ganas de sobresalir o la preocupación ante el fracaso pueden llevar a que el jugador realice trabajos "extra" auto impuestos que le producen una sensación de bienestar. Pero esta situación le llevará a corto plazo a un déficit físico que querrá superar con mayores cargas de trabajo generando una espiral sinfín y a un bajo rendimiento. Este comportamiento obsesivo le producirá una falta de control de la situación de la que es difícil salir. Es una situación muy delicada porque, en ocasiones, los entrenadores estamos muy satisfechos con este tipo de jugador: entrena mucho, es sacrificado y siempre pide más. Pero no nos damos cuenta del riesgo que estamos corriendo: el sobre-entrenamiento.