Viernes, 29 de septiembre de 2006

El fisiólogo Hans Selye, en sus investigaciones sobre la reacción del cuerpo humano ante situaciones estresantes, observó lo que a posteriori se convertiría en la denominada Ley de Seyle o Síndrome General de Adaptación. Ante una situación estresante para el organismo, este reacciona mediante una serie de ajustes con los que trata de reestablecer el equilibrio. En un primer momento se genera una reacción de alarma. El equilibrio se rompe y se ponen en funcionamiento todo tipo de ajustes fisiológicos.A continuación, el organismo presenta un estado de resistencia. Una vez conseguidos los ajustes más inmediatos, trata de soportar la situación estresante. Si dicho contexto se mantiene, entonces pueden darse dos circunstancias:

Se trastornan los ajustes y disminuye la resistencia

El organismo reacciona y aumenta sus defensas haciéndose más resistente a ese estímulo determinado. Este estímulo se conoce como supercompensación. La citación es relativamente duradera pero pasado cierto tiempo y no produciéndose otro estímulo, el organismo regresa a sus niveles anteriores.

Aplicando sucesivos estímulos dentro de períodos de supercompensación consecutivos, el organismo reaccionará de la misma forma que la primera vez y conseguiremos entonces aumentar el rendimiento. Es como si, una vez sufrida una agresión, el organismo se reforzase para poderla resistir en mejores condiciones si tuviese que enfrentarse de nuevo a ella. En el desarrollo de nuestros entrenamientos vamos a utilizar esta adaptación de la mejor manera posible para ir aumentando por un lado el umbral de excitación y por consiguiente las capacidades físicas del jugador. Tendrán lugar entonces tanto adaptaciones morfológicas que mejorarán las condiciones anatómicas como metabólicas las cuales mejorarán las fuentes energéticas. Si los estímulos fuesen aplicados en medio del proceso de restitución, el rendimiento disminuiría.




A la hora de aplicar los esfuerzos deberemos de tener en cuenta que cada persona es diferente y por lo tanto tiene un nivel de excitación distinto así como que para que se produzca una adaptación, éstos deben de tener una determinada intensidad (Ley de Schultz). Los estímulos débiles no producirán ningún efecto sobre el organismo mientras que los excesivos lo llevarán al agotamiento.

La situación de los estímulos en el tiempo también afecta a la reacción del organismo, dando lugar a:

Supercompensación: tal y como hemos visto, tras la aplicación de una carga en un entrenamiento y después de un descanso adecuado, el organismo recupera el nivel inicial funcional previo y lo supera. Si aplicamos los siguientes estímulos en la fase de supercompensación, obtendremos un incremento del rendimiento.

Supercompensación nula: si las cargas de entrenamiento se aplican muy alejadas cada una de la siguiente, la supercompensación obtenida se anula, quedando el organismo en su nivel funcional inicial. En este caso nuestro trabajo no proporcionará un incremento del rendimiento del organismo.

Supercompensación negativa: si los descansos entre cargas no son los apropiados, se produce un estado de agotamiento funcional que deriva en una disminución del rendimiento. Como se observa en el gráfico, los estímulos se están aplicando durante el periodo de restitución y no permiten que el organismo inicie la supercompensación.

Supercompensación de efecto acumulado: se realiza un bloque de trabajo con recuperaciones incompletas para posteriormente posibilitar una recuperación más amplia.



Teniendo claro el funcionamiento de la supercompensación, nuestro interés se centrará en los descansos. ¿Son los adecuados? Sin duda es una pregunta delicada. Existen señales que nos pueden indicar que un jugador está arrastrando un cansancio significativo y que nos pueden hacer replantear nuestro programa de entrenamiento: el aumento de pulsaciones en reposo absoluto, la dificultad para conciliar el sueño, la disminución de la capacidad de concentración, la falta de coordinación y la resistencia a las exigencias del entrenador. De cualquier modo es conveniente no confundir estos síntomas con los normales que se producen después de la realización de un esfuerzo muscular (disminución de la capacidad de rendimiento, alteraciones en los niveles de coordinación, descenso de la velocidad de reacción y pérdida de la estimulación).

 


Viernes, 22 de septiembre de 2006

Todo movimiento precisa de una fuente de energía que lo produzca. En el caso del músculo, la producción de esa energía se consigue mediante la combustión de azúcares y grasas las cuales, junto con el oxígeno, van a ser el eje de los sistemas energéticos necesarios para la contracción muscular.

Las células únicamente utilizan los compuestos macroenergéticos como fuente de energía. El ATP (ácido adenosintrifosfórico) es el más representativo. En el caso concreto de las células musculares existe un compuesto macroenergético con mayor capacidad de aporte de energía: la fosfocreatina, pero tiene el inconveniente de que su energía no es utilizable directamente por la célula sino que se utiliza para la resíntesis rápida del ATP.

Una vez que la célula recibe los compuestos macroenergéticos necesarios, es preciso que exista un adecuado caudal de oxígeno para que tenga lugar la combustión transformándolos en energía. Nos encontramos entonces ante un metabolismo aeróbico.

Pero no siempre es así. En determinadas circunstancias puede producirse una combustión sin presencia de oxígeno dando lugar a un proceso de metabolismo anaeróbico.




Fuente de energía anaeróbica aláctica
La ATP, la sustancia química precisada por los músculos para el movimiento se encuentra almacenada en las células del musculares lo cual significa que se puede utilizar en el mismo momento en el que es demandada. Otra sustancia, la fosfocreatina, también se encuentra almacenada en el músculo con el fin de generar ATP tan pronto como esta se quema. Estos dos componentes químicos permiten al músculo realizar movimientos muy rápidos pero sólo durante un espacio de tiempo muy corto. Cuando entra en juego la fosfocreatina para regenerar ATP nos encontramos con el fin de la energía explosiva. A pesar de que podemos encontrar durante unos cuarenta segundos restos de estas dos substancias en la estructura muscular, el tiempo máximo de actuación sólo ronda los diez segundos. La anaeróbica aláctica es una energía explosiva que le proporciona rapidez al jugador.
Pasado este tiempo y si le damos al músculo el descanso oportuno, las reservas se regeneran en unos sesenta segundos. De todo lo cual extraemos que, en las condiciones descritas, podemos utilizar el sistema anaeróbico aláctico una y otra vez. Mediante el entrenamiento anaeróbico aláctico generaremos más recursos de que disponer en esos primeros diez segundos del esfuerzo.

Conseguir contracciones musculares más rápidas representa para el jugador de Hockey Sobre Patines puestas en acción y frenadas más explosivas, una ejecución del disparo más veloz y una mejor maniobrabilidad.

El trabajo para de mejora de la resistencia anaeróbica aláctica tiene lugar cuando los esfuerzos donde la frecuencia cardiaca se sitúa en un nivel de 180 pulsaciones por minuto o incluso por encima del mismo y su duración viene a ser de unos 10 segundos. El tiempo de recuperación oscila entre 1 y 2 minutos, tiempo necesario para recuperar los valores iniciales de fosfágeno. Este tipo de recuperación varía cuando el número de repeticiones se incrementa pudiendo llegar a los 5 minutos.


Fuente de energía aneróbica láctica
Esta fuente de energía es la que nos permite mantener la velocidad. Si realizamos dos sprints al máximo de nuestras posibilidades, uno de 50 metros y otro de 300, comprobaremos que en este último la velocidad es menor. Esto se debe a que el sistema aláctico, tal y como hemos visto anteriormente, no puede mantenerse durante un período de tiempo tan elevado. Ante esta demanda de energía el músculo tiene que buscar otra fuente de ATP. Entra en juego entonces el sistema láctico. Si bien este sistema no permite una explosión tan alta de energía como ocurre en el sistema aláctico, sí nos permite un mantenimiento de la velocidad durante más tiempo.

El sistema láctico se apoya en los carbonohidratos que están almacenados en el músculo. También encontramos carbonohidratos en la sangre y en el hígado que pueden ser llevados a los músculos ante una demanda de los mismos. Un sistema anaeróbico láctico bien entrenado podría producir energía durante unos tres minutos pero lo normal es que se alcance el pico de producción entre los cuarenta y noventa segundos.

Uno de los factores que limita la producción de energía por este procedimiento es el agotamiento de las reservas de carbonohidratos. El otro tiene que ver con los residuos que producen al quemarse los mismos: el ácido láctico. Cuando los niveles de ácido láctico en el músculo son altos, las reacciones químicas necesarias para seguir produciendo energía se inhiben y el sistema no puede generar más energía.

Un músculo agotado tarda hasta una hora en deshacerse del ácido láctico pero le puede llevar más de cuarenta y ocho horas recuperar los niveles iniciales de carbonohidratos. El descanso activo facilitará la eliminación del ácido láctico y una dieta a base de carbonohidratos nos ayudará a su reposición.

El entrenamiento anaeróbico láctico nos brinda tres ventajas: genera grandes reservas de carbonohidratos, produce una menor acumulación de ácido láctico y eleva la tolerancia a niveles altos de este último.

Para el jugador de Hockey Sobre Patines esto significa que puede mantener una velocidad durante más tiempo, le permite aplicar una mayor intensidad en sus acciones y que en los momentos en los que se encuentre descansando en el banquillo, su organismo se recupere con más facilidad al ser capaz de eliminar el ácido láctico más fácilmente.

Para trabajar la resistencia anaeróbica láctica tendremos que llevar al organismo a la zona supercrítica donde la deuda de oxígeno alcanza del 50 al 80%. La frecuencia cardiaca se sitúa por encima de las 150 pulsaciones por minuto pero al final del esfuerzo llega a alcanzar valores aproximados al límite crítico de pulsaciones. La recuperación debe de ser amplia, debiendo bajar a unos niveles de 80 a 90 pulsaciones en un tiempo no superior a los 4 ó 5 minutos.


Fuente de energía aeróbica
El sistema aeróbico incluye al corazón, los pulmones y el sistema circulatorio además de algunas substancias químicas de los músculos. El sistema aeróbico es la primera fuente de energía empleando la grasa como el primer combustible para la generación de ATP. La producción de energía por este sistema es considerablemente menor que en el sistema anaeróbico (tanto láctico como aláctico) debido a que el proceso para la obtención de ATP por este procedimiento es más complejo.

El sistema aeróbico puede emplear tanto carbonohidratos o proteínas como fuente de combustible para la regeneración de ATP. Los carbonohidratos son utilizados cuando se requieren niveles altos de producción de energía aeróbica. Cuando la demanda de energía supera las posibilidades del sistema anaeróbico láctico, el sistema aeróbico quema carbonohidratos porque de esta manera se produce energía más rápidamente. Aun así, la utilización de grasa no se detiene, simplemente se complementa con la quema de carbonohidratos. Sólo en el caso de que los niveles de grasa y carbonohidratos fuesen bajos el sistema quemaría proteínas.

La importancia de un buen sistema aeróbico en el jugador de Hockey Sobre Patines es crucial: provee de energía para la realización de esfuerzos prolongados como son los requeridos para un partido. El entrenamiento aeróbico mejora la eficacia del corazón, el intercambio de aire en los pulmones, el transporte de oxígeno, grasas y carbonohidratos en la sangre y facilita la eliminación de los residuos como el ácido láctico y dióxido de carbono.

Para la mejora de la resistencia aeróbica, realizaremos esfuerzos muy prolongados –de más de 30 minutos a 2 horas- manteniéndonos por debajo del umbral anaeróbico. El consumo máximo de oxígeno, de poder ser cuantificado, se situará entre el 45 y 65%. La frecuencia cardiaca se mantendrá entre las 125 y 160 pulsaciones por minuto.


Viernes, 15 de septiembre de 2006

Entendiendo que las cualidades físicas son aquellos atributos positivos que caracterizan y determinan al individuo para la realización de la actividad física, podremos dividirlas en los siguientes grupos:

Cualidades básicas: Aquellas que necesariamente participan en un grado apreciable en la mayoría de las actividades físico-deportivas. (fuerza, resistencia y velocidad)

Cualidades complementarias: Las cualidades que deben estar presentes en la ejercitación física pero no necesariamente indispensables en la mayoría de las especialidades. (flexibilidad, coordinación y equilibrio)

Cualidades derivadas: Son consecuencia de la unión de varias cualidades básicas o complementarias. Son las que realmente se manifiestan en la mayoría de los deportes. (potencia y agilidad)



Dentro de un equipo de Hockey Sobre Patines, antes de ponderar la importancia de cada una de las cualidades y su nivel de influencia en cada uno de los puestos a ocupar por cada jugador, debemos de tener en cuenta la especialización necesaria en el caso de los porteros. Incluso, pero no haremos aquí diferencia, la determinada especialización a la que nos lleva el Principio de Individualidad.

De entre las cualidades básicas, haremos uso en mayor medida de la velocidad apoyándonos, en un menor grado en la fuerza, lo que nos conducirá, por simple asociación a la potencia.
Al estar utilizando tres parámetros en el desarrollo de la actividad (bola, stick y patines), nuestros jugadores necesitarán una buena dosis de coordinación y por supuesto, equilibrio. (se incluye el equilibrio como cualidad, aunque sea un sentido, por la notable influencia en nuestro deporte y por su condición de entrecalle.

En el caso del portero, dado que sus intervenciones en el juego son de máxima intensidad y corta duración (anaeróbicas alácticas), con intervalos de descanso variables (suficientes en la mayoría de los casos para reponer sus reservas de fosfágenos), puede ser suficiente la preparación aeróbica realizada con sus compañeros en la pretemporada.

Si quisiéramos aglutinar las cualidades físicas del portero en una sola palabra‚ esta debería ser la agilidad: la capacidad de mover el cuerpo rápidamente en los tres planos del espacio con la máxima amplitud.


Viernes, 08 de septiembre de 2006

El entrenamiento es una filosofía, un hábito saludable que mejora no sólo el rendimiento deportivo, sino la actitud y aptitud ante la vida. Es una actividad voluntaria que permite mejores adaptaciones a tareas concretas. Desde el punto de vista deportivo podría definirse, intentando englobar todos los aspectos del entrenamiento, como un sistema de trabajo, individual o colectivo, cuyo último objetivo sea la obtención de mejores coeficientes de realización en todos o cada uno de los factores que intervienen en el desarrollo de una determinada actividad deportiva; ya sean medico-biológicos, psíquicos, técnicos etc.

Bien conducido, el desarrollo del entrenamiento desemboca en transformaciones morfológicas como el proceso de adaptación del corazón a un tipo determinado de esfuerzo; fisiológicas como la modificación del ritmo y caudal cardíacos; histiológicas como el engrosamiento de las fibras contráctiles del músculo en el desarrollo muscular; y bioquímicas como la utilización de elementos energéticos diferentes según el tipo de ejercicio utilizado a lo largo de la contracción muscular.


Las cualidades de la actividad motriz –convenientemente elegida- pueden ser suscitadas por la práctica de actividades fundamentales en busca de una armonía y un equilibrio deseables para su desarrollo (práctica de un deporte de competición de alto nivel), o por el contrario, solicitar de forma prioritaria una u otra cualidad, en detrimento de las otras, en una actividad muy específica.

Una característica común en la mayoría de los deportes colectivos es la mejora de las capacidades físicas mediante el simple aumento del volumen de trabajo. Con todo, si lo que buscamos es el máximo desarrollo posible de las capacidades que más nos interesen para la práctica del Hockey Sobre Patines, no podemos basar nuestro trabajo en parámetros tan inespecíficos como la preparación física general. En el mismo sentido, las labores a realizar en los campos técnico, táctico y físico, tendrá que sostenerse por fuerza en un equilibrio de los tres. Un caso claro es el que tiene lugar cuando realizamos ejercicios con componentes técnicos y físicos. La excesiva mecanización -si se produce- del gesto, puede dar lugar a que se alcance una óptima ejecución del movimiento pero que las mejoras físicas no sean las adecuadas.

El entrenamiento de la fuerza, la resistencia y la flexibilidad, como cualidades físicas básicas afectan a la estructura muscular de diferentes formas. Tanto el entrenador como el jugador deben de ser capaces de identificar qué es lo que quieren mejorar cómo hacerlo. A medida que un jugador va creciendo, debe de incrementar sus conocimientos sobre la actividad que está realizando. No se trata sólo de jugar. Procuraremos que su cultura deportiva abarque un abanico amplio de campos en el que se encuentra también la preparación física. Unos cuantos conceptos básicos y bien asentados serán suficientes.