Viernes, 25 de noviembre de 2005
Todo entrenador, por el simple hecho de desempeñar su cometido, tiene una influencia considerable sobre sus jugadores. El mantenimiento o la pérdida de la misma depende de él. Demostrar seguridad, guardar las apariencias y ser equitativo en la administración de recompensas y sanciones son pilares fundamentales sobre los que asentar una imagen cuyo fin es servir de ejemplo y ser objeto de admiración por parte no sólo de los componentes de equipo, sino también de la gente de dentro y fuera de su club.

Los esfuerzos del entrenador en su papel como líder del grupo, se centran en el desarrollo del espíritu de “nosotros” por encima del “yo”. Para llevar a cabo tal estrategia debemos de trabajar sobre aquellos factores que desarrollan la identidad del equipo: la proximidad física, la similitud en actitudes y compromisos, la diferenciación con otros equipos y el establecimiento de objetivos de grupo.

Cualquier grupo de individuos que pasan juntos cierto tiempo tiene tendencia a establecer vínculos entre ellos. Lejos de elementos ajenos al grupo, como sucede en los desplazamientos que nuestro equipo realiza o los momentos de convivencia en el vestuario, nos encontramos con situaciones de proximidad ideales para promover la interacción entre todos los miembros del grupo. Las excelentes oportunidades de comunicación que esto representa ha de ser aprovechada para fomentar el desarrollo de nuestra identidad y comprender mejor el establecimiento y funcionamiento de las redes relacionales entre todos los miembros.

La similitud en actitudes, compromisos y aspiraciones no siempre coinciden en todos los miembros del equipo. Diferencias de personalidad, sociales, económicas o de otra índole son propias de todo grupo. Con el fin de lograr una mayor cohesión estimularemos y reforzaremos las semejanzas que existan entre nuestros jugadores tales como son el establecimiento de objetivos de grupo y la necesidad de poseer actitudes dentro y fuera de la pista que nos caractericen.

La diferenciación comienza por nuestros colores, nuestro escudo, nuestra forma de ser como grupo, nuestros objetivos de grupo. En la medida que consigamos promover la similitud dentro de nuestro grupo, estaremos diferenciándonos del resto y, además, las sensaciones de unidad también aumentarán...

El entrenador ha de saber resaltar estos factores con el fin de crear un sentimiento propio, un sentimiento de equipo diferente, único e imposible de repetirse fuera de nuestro equipo.

En los deportes de equipo, el establecimiento de los objetivos de grupo, pasa por conseguir que el concepto de unidad cale entre los jugadores que forman un equipo. No siempre es fácil lograr que las metas individuales dejen paso a los éxitos del grupo. Desde un punto de vista egoísta, el jugador egocéntrico puede creer que el equipo se enriquece con su logro personal. Nada más lejos de la realidad. El éxito del individuo viene dado por el éxito de todos y cada uno de los miembros del grupo.

Es absolutamente imposible que el entrenador desempeñe correctamente sus cometidos como organizador y animador sin que asuma funciones de líder. En los casos en los que no es así, el establecimiento de redes relacionales dentro del grupo es deficitario. Es entonces cuando otras personas con capacidad de liderazgo -jugadores, miembros del cuerpo técnico o directivos- van adoptando paulatinamente roles que en un principio están reservados al entrenador. La credibilidad del este tiende a debilitarse y acaba por ser ignorado dentro del grupo.

Publicado por Marisa_Bidilla @ 10:15  | El entrenador
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Viernes, 18 de noviembre de 2005
Sin lugar a la más mínima duda, el origen más común de los conflictos entre los padres y entrenador es la diferencia de opinión sobre las habilidades del niño. Cuando nos encontramos en una situación así, nuestra primera reacción debe de ser la de evitar ponernos a la defensiva. Bajo ningún concepto deberemos de huir del diálogo. Escuchemos lo que nos tienen que decir. Intentemos saber lo que piensan y ofrezcámosles nuestros consejos. En realidad no estamos perdiendo nuestro papel. Al fin y al cabo ¿quién es sino el entrenador? Incluso si existiese un desacuerdo radical no perderíamos nada dedicándoles unos minutos para escucharlos. A pesar de todo es imposible tener complacer a todo el mundo.

En la mayoría de los casos los problemas que pueden surgir de los diferentes puntos de vista son inintencionados. Los padres -y a veces el entrenador- no se dan cuenta de los problemas que se están causando no sólo en la relación con el entrenador sino también en el ambiente general con el resto de los padres. De ahí a las descalificaciones públicas va un paso. Nuestro tacto y diplomacia se ponen a prueba una vez más. Debemos de tener presente que, en su origen, este tipo de actitudes parten de un interés hacia las actividades del niño. Es importante conocer de antemano algunas de las actitudes más comunes y la forma de actuación al respecto en cada una de ellas.

Padres criticones
El niño es criticado por sistema. Todo lo que hace nunca tiene la calidad suficiente. No importa lo bien que haga las cosas, siempre se le pide más. Sabe que una vez terminado el partido le espera un duro y concienzudo análisis sobre lo realizado. La vuelta a su casa en el coche se transforma en un calvario de críticas y comparaciones.
La identificación del éxito o el fracaso del niño como propio lleva a este tipo de padres a una actitud excesivamente dura con sus hijos. En este caso nuestra estrategia de actuación se encaminará por unos derroteros muy delicados. Deberemos de hacer gala de un gran tacto cuando les hagamos ver que una crítica sistemática llevará al niño a actuar por debajo de sus posibilidades y si, con el fin de elevar el nivel de actuación del niño, persisten en el error generarán un círculo vicioso de difícil solución: a mayor estrés peor actuación; tras una actuación deficiente aumento de las críticas; con el aumento de las críticas mayor estrés; a mayor estrés peor actuación...

Padres desinteresados
Este tipo de padres acude esporádicamente a las actividades de sus hijos y a las reuniones que convocamos.
Nuestro esfuerzo ha de centrarse en averiguar el motivo de ese desinterés. Quizás estén interesados pero existen motivos poderosos para perderse estas actividades (trabajo, enfermedad, etc.). Si fuese así, sería el niño el que necesitase un apoyo extra.
De no existir un motivo como los anteriormente descritos, debemos de establecer un diálogo con el fin de hacerles ver la importancia que tiene su presencia para el adecuado desarrollo del niño. El deporte es algo más que una actividad para ocupar un tiempo en la vida del niño. Aparte del reconocimiento de sus compañeros y del entrenador, necesitan el apoyo de sus padres.

Nuestra sombra en la grada
De repente y sin darnos cuenta nos encontramos con que a nuestros jugadores les ha aparecido un nuevo entrenador. Cuando están en el banquillo alguien les llama para darles instrucciones que, en el peor de los casos, contradicen las dadas por nosotros.
Nuestra primera intervención será romper la comunicación llamando al jugador para que se acerque a nuestro lado y con una actitud confidencial, apoyando nuestra mano en su hombro, reafirmarle las instrucciones previas recibidas. A continuación le comentaremos lo importante que es que no se distraiga por nada de lo que ocurra fuera de la pista.

En lo que respecta al origen de este problema -el padre en cuestión- no es conveniente dirigirnos a él en ese mismo momento. Todo lo más una mirada lo suficientemente profunda puede tratarse der lo más conveniente por el momento.

En la conversación privada que estableceremos más tarde con este padre, le haremos saber ante todo que no dudamos de su buena intención y que nos gustaría escuchar su opinión. Seguro que tiene alguna buena idea pero para el niño es muy confuso recibir instrucciones de dos personas a la vez y que la persona encargada de hacérselas llegar tiene que ser el entrenador.

Padres gritones¡Cuantas veces hemos visto a un padre desencajado dando gritos a todo lo que se mueve en el campo! Árbitro, técnicos, aficionados y jugadores contrarios... Es igual, le vale cualquier cosa. La cuestión es vociferar. A veces incluso se sitúa tras el banquillo y no le importa lanzar improperios contra el propio entrenador de su hijo.
Para intentar solucionar el problema tenemos que escoger el momento para establecer el diálogo. Una vez más no intentaremos corregir su actitud en el momento en el que se encuentra acalorado. Lo único que conseguiríamos sería convertirnos en su nueva vía de escape -eso si no se ha centrado en nosotros todavía- y distraernos de nuestras obligaciones durante el partido.

Una buena estrategia es solicitar la ayuda de otros padres para que le den conversación durante el encuentro con el fin de que nos se cierre sobre sí mismo. Más tarde encontraremos el momento en el que dirigirnos a él para decirle, con mucho tacto, que el ejemplo que está dando a los niños no es el mejor, que les distrae y hace que no disfruten con el juego. Que es parte del club y como tal tiene que cuidar la imagen del mismo.

Si el problema persiste, convirtámoslo entonces en nuestro aliado. Encomendémosle un trabajo que pueda realizar sin necesidad de sentarse en el banquillo tal como llevar estadísticas o cualquier otra cosa que se nos ocurra. Ofrecerle una responsabilidad lo mantendrá ocupado, tranquilo y nosotros ganaremos un colaborador.

Padres sobre-protectores
En un deporte tan rápido como el nuestro, con un stick en la mano y una bola tan dura, no es raro encontrase con padres temerosos por mantener la integridad física de sus hijos. Se trata de individuos que se aproximan por primera vez a Hockey Sobre Patines y tienen una imagen muy violenta de él originada en los partidos de Hockey-Hielo. Están constantemente preocupados por el aparente riesgo que sus niños están corriendo y amenazan constantemente con sacar a su hijo del equipo.
Para empezar a poner remedio a tan subjetivo miedo intentaremos tranquilizar a este tipo de padres diciéndoles que todo deporte conlleva un riesgo intrínseco y el nuestro no se encuentra entre los más peligrosos ni mucho menos. Que se trata de un deporte seguro y que los niños están suficientemente protegidos tanto por las equipaciones que visten como por las propias reglas del juego.

Publicado por Marisa_Bidilla @ 13:55  | Los Padres
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Viernes, 11 de noviembre de 2005
Los comienzos del niño lo son también de los padres. Muchos padres no están familiarizados con el mundo del Hockey Sobre Patines y por lo tanto no esperemos que sus decisiones a la hora de equipar al niño, en el mejor de los casos aconsejados por un vendedor, sean siempre acertadas. Necesitan también nuestra ayuda y es un buen momento para iniciar una comunicación más directa entre ellos y nosotros.

El principal papel de los padres es conseguir que el niño tenga una razón para iniciarse en la práctica deportiva, pero no deberán de pasar por alto el derecho del niño a elegir la no-participación. Más veces de las que pudiese parecer, el niño no está interesado en la práctica deportiva que sus padres han escogido para él. Producida esta situación, la decisión del niño ha de ser respetada. Ese respeto incluye además el asesoramiento y jamás el chantaje o la presión. De no ser así, tarde o temprano, se producirá el abandono de la práctica deportiva debido a la falta de motivación.

Como entrenadores hemos de dedicar los primeros contactos que tengamos con los padres de los niños a proporcionar una información objetiva sobre el Hockey Sobre Patines. Del mismo modo los animaremos a acudir a cuantas reuniones tengamos a lo largo de la temporada.

La relación padres - entrenador tiene como objetivo mejorar la calidad de la experiencia deportiva del niño. Para ser padres no existe formación alguna aparte de la propia experiencia vivida y las situaciones que se producen son resueltas más bien por el instinto o conocimientos de lo adecuado que cada uno tenga. Si dejamos la figura de los padres aislada o no les orientamos adecuadamente estamos perdiendo un apoyo que tanto el niño como nosotros necesitamos para enriquecer la experiencia de este.

Con objeto de que los padres puedan disfrutar de la participación de sus hijos en el deporte sin que ello suponga una intromisión, es conveniente que les proporcionemos la mejor información posible sobre las actividades que el niño realizará. Deberán de estar informados sobre las reglas de juego básicas, las habilidades a alcanzar y las estrategias que utilizaremos para ello. A principio de cada temporada es un buen momento para mantener con los padres -y sin los niños- las reuniones que estimemos convenientes para establecer un contacto directo con los padres, explicar nuestros objetivos y aclarar todas las dudas que nos planteen.


CUANDO LOS PADRES NO ACTÚAN COMO REFORZADORES
Los padres a menudo con acciones excesivamente proteccionistas invaden un mundo en el que los niños no les contemplan. Padres intrusos (Intrusive parents; Ogilive 1979), creen poder valorar mejor a sus hijos por conocerlos más. Pero sólo ven su comportamiento dentro de la familia y no en condiciones de las exigencias de tareas específicas para un grupo de entrenamiento.

Algunos padres pueden llegar a ser una fuente de estrés para sus hijos principalmente por dos motivos: el desconocimiento de la actividad y la visión de sus hijos como una prolongación de sí mismos. En el primer caso unas amenas reuniones informativas de pretemporada y alguna otra ocasional a lo largo de la misma suelen ser suficientes. En el segundo de los casos, cuando los padres se ven reflejados en los niños, requerirá la puesta en práctica de todas nuestras habilidades comunicativas. Deberemos entonces de intentar encontrar el origen de este comportamiento en cada caso. Unas veces se tratará de un padre que busca en su hijo el éxito que nunca alcanzó como deportista o como profesional. Otras veces puede tratarse de unos sentimientos de rechazo cuando se trata de un padre con un pasado exitoso en el deporte -o en su profesión, o en la sociedad- y cuyo hijo no es capaz de alcanzar.

En cualquiera de estos u otros casos los padres se convierten en ganadores o perdedores a través de los éxitos o fracasos de sus hijos (siempre desde su punto de vista). Cargan a sus hijos con responsabilidades ajenas: el amor y la felicidad paterna están en juego. ¿No son estas responsabilidades impropias de su edad? ¿Qué podemos hacer nosotros?

Un entrenador capacitado debería ser capaz de contrarrestar las influencias negativas de las que pudiera ser objeto el niño. Hacerles ver que una excesiva presión, en lugar de incrementar el potencial del jugador, puede llevarlo a actuar por debajo de sus límites. Nuestra estrategia de actuación para intentar eliminar este tipo de conductas se localizará en el tiempo y el modo. En el aprendizaje cada paso tiene que darse en un momento concreto y de una manera específica. Si somos poseedores de un buen plan de trabajo escrito, no dudemos en comentarlo con los padres. Tratemos de involucrarlos para de esta manera hacerlos cómplices de nuestros objetivos.


¿En dónde me pongo?

De repente un montón de extraños invade el mundo de mi hijo. Bueno, espero que me haga partícipe de sus nuevas experiencias. Quizás si me coloco aquí no molestaré y podré observar lo que hace. Parece que se está divirtiendo. Estoy aquí. Le saludo con la mano. Le muestro una sonrisa de complicidad. Ahora no me pierde de vista. Por un momento siento la mirada del entrenador. Creo que será mejor que no me haga notar. Ya charlaremos en casa...

Publicado por Marisa_Bidilla @ 12:41  | Los Padres
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EL TRABAJO EN UN CLUB DE RECIENTE CREACIÓN
De entrada es la situación menos estresante para el entrenador novato. Al partir de cero cualquier progreso, que sin duda lo habrá, será fácilmente alcanzable y bien reconocido por parte de los padres y directivos. Nuestra precaución aquí, se centrará en no dejarnos arrastrar por los halagos que sin duda nos dedicarán, aunque no siempre es fácil. La abstracción del momento concentrando nuestros esfuerzos hacia nuestro objetivo -el cual aún se encuentra lejano- evitará que caigamos en falsas expectativas.

Dentro de nuestro incipiente club nos podremos encontrar con jugadores que comienzan en la escuela o bien llegan de otros clubes y en la mayoría de los casos lo hacen para mejorar ya sea deportivamente como socialmente.

Tendremos presente que en los niños que empiezan de cero el nivel de exigencia es menor y sus expectativas son más generales. Poco a poco podremos comprobar que es precisamente dentro de las edades más pequeñas donde se produce el mayor nivel de satisfacciones.

En el grupo de jugadores ya iniciados que provienen de otros clubes tendremos especial cuidado con aquellos que cada temporada cambian de club con demasiada alegría. Con el paso del tiempo -aunque tendamos a pensar que con nosotros no sucederá- sin lugar a dudas, y si no ponemos los medios necesarios, viviremos en nuestras carnes los motivos por lo que lo hacen.


LA LLEGADA A UN CLUB CONSOLIDADO
A todo el mundo le apetece tener un equipazo de los que hacen que se le caigan las babas a los padres y les crezcan los dientes a los contrarios ¿o no? Si llegado el caso nos hiciésemos cargo de uno de estos jugosos equipos, no deberíamos de olvidar que si han alcanzado ese nivel, sin duda alguna, no ha sido por nosotros. En el mismo sentido, cuando hagamos progresar a ese grupo, no olvidaremos que gran parte del trayecto ya estaba caminado por otro.

Al llegar a un club que dispone de una estructura consolidada es fundamental echar una ojeada a las fichas de los entrenamientos de los últimos años. Nos servirá para comenzar a formar una idea tanto de las exigencias de los entrenamientos a realizar como de las posibles carencias presentes. Respetar el trabajo anterior y no alardear de las nuevas pócimas que vayamos a emplear nos garantizará una sensación de seguridad que nunca está de más. El movimiento se demuestra andando.

Publicado por Marisa_Bidilla @ 12:27  | El entrenador
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Viernes, 04 de noviembre de 2005
Todo deportista por el mero hecho de serlo, debe de ser capaz de pasar por algunas clases de dolor. El problema comienza cuando no le enseñamos a discernir entre la clase de dolor que debe ignorar y a la que debe atender. Un deportista altamente motivado puede ser capaz de ignorar casi cualquier dolor sufrido. Esta situación, lejos de ser deseable, puede esconder los indicios de una lesión hasta que esta merma las capacidades del jugador.A la misma situación podemos llegar desde la situación del jugador que es capaz de ignorar un dolor con el fin de mantener su puesto en el equipo o, en el caso de un suplente, enmascarar su situación con la esperanza de hacerse con un hueco en el equipo. El resultado, como podemos deducir, es el mismo en las tres situaciones. En cualquiera de los casos perderemos al jugador.

Mención aparte merecen los niños que comienzan. La identificación de unas simples agujetas como una lesión no es infrecuente. Pero lejos de esta situación deberemos de observar, sin dramatizaciones, la ejecución de los movimientos del niño y detectar conductas de evitación. Estas conductas se manifiestan cuando un dolor impide la ejecución de una habilidad que el niño venía realizando previamente de una forma concreta.

El riesgo de lesiones forma parte inherente de toda práctica deportiva. Aunque uno de nuestros objetivos como responsables de la práctica deportiva de nuestro equipo es precisamente la minimización de ese riesgo, no cabe la menor duda que tarde o temprano, con mayor o menor frecuencia y de mayor o menor gravedad, nuestros jugadores sufrirán algún tipo de lesiones.

No se espera de nosotros que tengamos unos conocimientos profundos de medicina deportiva pero sí que seamos poseedores de sólidos conocimientos en cuestiones básicas. Para ello deberemos de familiarizarnos con las lesiones más frecuentes en Hockey Sobre Patines y dominar los conceptos básicos de primeros auxilios relacionados con las mismas. Una buena idea para adquirir los conocimientos necesarios en este campo es asistir a los cursillos de primeros auxilios que ofrecen distintas organizaciones tales como Cruz Roja, Protección Civil o similares. Se trata de no ejercer de aprendiz de médico sino más bien de evitar conductas que puedan agravar las lesiones que se produzcan.



PRINCIPIOS GENERALES DE INTERVENCIÓN
De la adecuada valoración inicial de la lesión dependerá, en gran parte, el éxito de nuestra intervención. Un procedimiento analítico correcto siempre se caracterizará por seguir los pasos que se detallan:

Comprobación del estado de conciencia
Síntomas que manifieste el lesionado
Síntomas físicos evidentes
Evitación de manipulaciones excesivas de las zonas afectadas



Con el fin de que nuestra intervención sea lo más metódica y cuidadosa posible, comenzaremos por una inspección ocular antes de palpar delicadamente la zona afectada. No olvidemos que nuestro papel se limitará a realizar un diagnóstico provisional. Si tuviésemos duda con respecto al alcance de la lesión, trataremos al individuo como si sufriera la lesión más grave. Como norma general, tendremos presente que siempre deberá de haber una razón para todo lo que hagamos.

Ante una lesión aparatosa, es frecuente que se produzcan situaciones de sobreexcitación e incluso pánico. La tranquilidad con la que actuemos dará confianza al lesionado y a las personas que se encuentren alrededor. Hablemos con el individuo para calmarlo y levantarle el ánimo. Informémosle, no importa si es cierto o no, de que ya le están esperando en el centro médico y transmitámosle seguridad. La información que sobre su lesión le podamos ofrecer le ayudará a controlarse. Este es un aspecto a tratar con sumo cuidado.

No todos los jugadores reaccionan de la misma manera ni tienen la misma capacidad de digerir situaciones extremas pero todos temen lo que desconocen o no pueden controlar. Ahí cobra especial importancia la seguridad que podamos transmitirle. No es tanto la gravedad como nuestra capacidad de manejar correctamente la situación. Trataremos de hacerle entender la gravedad de sus lesiones, los procedimientos de intervención que realizaremos, cómo será su traslado y a dónde, cómo informaremos a sus familiares, etc.

Es normal que el individuo se encuentre impresionado, sobre todo si la lesión es aparatosa. La visión de una herida aparatosa puede hacer aumentar su estado de nerviosismo. Es momento de poner en práctica toda nuestra habilidad de distracción. Una obsesión por nuestra parte para evitar que vea las consecuencias no hará más que elevar la tensión. Debemos de ser sutiles.

Nuestra primera intervención, antes de tomar cualquier tipo de medida, se basará en la observación del individuo: comprobar si respira, si tiene pulso, si se encuentra consciente y por último identificar el tipo de lesión producida. Todos estos datos nos servirán para establecer nuestra vía de actuación.

Una vez que creamos haber identificado correctamente la lesión producida, no nos extralimitaremos en nuestras funciones. Nuestro papel no es el de suplantar a los servicios sanitarios, sino ofrecer las mejores condiciones posibles antes de realizar una evacuación.

Publicado por Marisa_Bidilla @ 13:17  | Primeros Auxilios
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Miras algo y ves lo que es. Yo miro algo y veo lo que puede llegar a ser.

En la figura del entrenador los jugadores verán a un guía, a un líder, a un gurú, a un padre... Son palabras que llevan implícitas unas responsabilidades que debemos de estar dispuestos a asumir con el máximo interés que seamos capaces. Mucha gente dependerá de las acciones del entrenador, por lo que hemos de representar nuestro papel muy seriamente. El objetivo más importante que hemos de encarar con el mayor apasionamiento posible es asegurarnos que todo el personal que nos rodea -incluyéndonos a nosotros mismos- aprenda a divertirse con el juego. De esta forma nadie vivirá las sensaciones de miedo y estrés que a veces lleva implícitas la práctica deportiva.

Dentro del papel que un entrenador representa existe un cierto componente teatral en lo que a puesta en escena se refiere. La imagen que transmite un entrenador que va a los partidos bien vestido con traje y corbata, que muestra seguridad en sus acciones y hace gala de una gran educación por encima de las circunstancias, es de control sobre sí mismo. Si aspiramos a una larga trayectoria en los banquillos tenemos que empezar por ganarnos un respeto también fuera de nuestro club. Estos “pequeños” detalles tantas veces olvidados nos ayudarán a conseguir nuestro objetivo. Si conseguimos que todas nuestras acciones se desarrollen dentro de una parafernalia de éxito, tendremos más posibilidades de obtenerlo realmente.

En el polo opuesto nos podemos encontrar con el entrenador que no cuida su imagen, dirige obscenidades a árbitros, miembros del equipo contrario o público, que se deja llevar por los acontecimientos o que parece a punto de reventar en situaciones de alta tensión. ¿Realmente transmite la seguridad que todo jugador necesita para poder disfrutar del juego?

El entrenador, como responsable de la enseñanza y aplicación de las habilidades técnico-tácticas, ha de tener muy claros los conceptos a desarrollar. Esto significa que necesitará dedicar un tiempo al análisis de los objetivos a alcanzar para poder transmitirlos sin lugar a dudas. No deberá de intentar enseñar conceptos que no tenga muy claros o que no sepa transmitir con claridad. Esta actitud podría generar, cuando menos, desconcierto entre sus pupilos.

Tampoco resulta conveniente el exceso de palabrería en los entrenamientos. Esta actitud puede ser debida a la falta de seguridad, a la intención de asombrar con nuestros conocimientos o simplemente a carecer de mejores opciones. Pasado un tiempo el resultado siempre conducirá al aburrimiento y la indiferencia del jugador.

Otra consecuencia del exceso de palabrería es la parálisis mediante el análisis. Un aluvión de ayudas verbales requiere mayor tiempo para su asimilación por parte del jugador. Llega un momento en que las instrucciones no son asimiladas al ritmo que se van produciendo. El jugador entonces opta por dos soluciones: o bien se bloquea intentando asimilar una de las instrucciones o se abstrae de toda información. En cualquiera de las dos situaciones el resultado es el mismo. Resulta más conveniente -y por supuesto más efectivo- sintetizar nuestras ideas en un par de claras y concisas instrucciones cada vez que deseemos corregir alguna actitud. Durante nuestros comentarios dirigiremos nuestra mirada a los ojos de nuestros interlocutores para, seguidamente, realizar una demostración práctica. Una vez finalizado este proceso atenderá las dudas que nos planteen los jugadores y, si fuese necesario, volverá a recrear las situaciones objeto de nuestras explicaciones.

Ni todos los jugadores requieren la misma atención ni el entrenador tiene la misma capacidad de influencia sobre todos los miembros de su equipo. En cualquier grupo nos encontraremos con jugadores que demandan una mayor dedicación por nuestra parte ya sea debido a limitaciones técnicas o a necesidades afectivas. El resto del grupo ha de entender y aceptar los motivos que llevan al entrenador a dedicar más tiempo a unos jugadores que a otros.

Si bien las habilidades técnico - tácticas son el referente más claro dentro de las labores del entrenador, existen otras parcelas que pueden no ser tan obvias pero, sin duda, son iguales de importantes. El establecimiento de objetivos, el uso de auto-instrucciones, el enfoque atencional, el control de la sensación de cansancio, por poner algunos ejemplos que se tratarán con mayor profundidad a lo largo de este libro, son otro tipo de habilidades que entran también dentro del trabajo del entrenador.

Publicado por Marisa_Bidilla @ 13:08  | El entrenador
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