Viernes, 28 de octubre de 2005

El proceso de aprendizaje de las habilidades que transcurra en un buen ambiente se desarrollará de una manera más rápida, efectiva y los resultados finales alcanzarán límites más elevados. En estas circunstancias provocaremos una actitud positiva hacia el trabajo que se está realizando y la adherencia a la práctica deportiva será mayor.

Por el contrario, el aprendizaje que tiene lugar en condiciones de monotonía y confusión conducirá, irremisiblemente, a la aparición de conductas de evitación en los jugadores. Esto sin mencionar al tirano jupiterino que vocifera sin ton ni son por doquier y aprovecha su posición de fuerza para tomar resoluciones encaminadas a colmar su inmenso ego.

Sin lugar a dudas, los buenos entrenadores son excelentes profesores y hacen de la comunicación una virtud.

Como no podría ser más evidente, el contacto con el mundo del entrenamiento se realiza desde dos situaciones distintas: o bien se ha sido jugador de Hockey Sobre Patines o se proviene desde el papel de simple aficionado. Todo tiene sus ventajas en inconvenientes. La ventaja con la que cuenta el primero, es haber vivido en su propia piel todas las facetas del aprendizaje. Muchos de los objetivos a alcanzar en la formación de los jugadores ya los ha conseguido y los buscará, en principio, de forma empírica. Ser un buen jugador de Hockey Sobre Patines no implica ser un buen entrenador. Si bien es cierto que ser poseedor de una cierta pericia siempre ayuda, la habilidad para detectar errores de ejecución y subsanarlos, saber reforzar la más mínima mejora y poseer una gran capacidad de síntesis y comunicación son con mucho más necesarias para llevar nuestro barco a buen puerto que el haber vivido una experiencia previa encima de los patines.

No hace mucho tiempo, un gran ex-jugador y entrenador novel se afanaba en su trabajo con un grupo de muchachos. Confiaba en la técnica de la demostración para entrenar a sus pupilos. Cuando se presentaba una dificultad en la ejecución de alguna habilidad se apresuraba a demostrar prácticamente cómo tenían que hacerse las cosas. Nuevos errores conducían a nuevas demostraciones. La incapacidad que tenía de aislar el error cometido en la ejecución y por tanto su falta de pericia para comunicar con claridad la información necesaria para una correcta ejecución, hacía que la progresión no fuese la adecuada en tiempo y forma. En resumen: no estaba preparado para enseñar.

Como es lógico, la persona para la que su primer contacto directo con el deporte parte desde una base teórica, ha de estudiar concienzudamente, para poder comenzar a crearse un criterio metodológico correcto.

Si tú, amigo lector, te acercas a este mundo desde la segunda situación, es decir de aficionado, no te acomplejes, no todo son ventajas para los ex-jugadores con respecto a ti. A veces los hábitos adquiridos por estos marcan determinantemente el desarrollo de la enseñanza. Pongamos un ejemplo: ante una situación concreta en pista, el ex-jugador pudiera tender a aconsejar la solución que él hubiese adoptado conforme a sus propias características y no a las del aprendiz.

Evidentemente no siempre es así, pero esperamos que estas líneas valgan para insuflar un poco de ánimo para el entrenador, llamémosle, exógeno.


Publicado por Marisa_Bidilla @ 13:43  | El entrenador
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Domingo, 16 de octubre de 2005
La gente ya no se conforma sólo con patinar por el mero hecho de hacerlo. La necesidad de medirse con sus semejantes empuja al patinaje al mundo de la competición. Aparece entonces, siguiendo los pasos del Hockey Sobre Hielo, un nuevo juego llamado “rink polo”. Florecen clubes de Hockey Sobre Patines hasta hacer necesaria una organización que regule las competiciones entre los equipos. En 1905 nace en Gran Bretaña la primera asociación de Hockey Sobre Patines: la “Amateur Hockey Association”. Ocho años después se convierte en la “National Rink Hockey Association”.

Los métodos americanos de explotación del patinaje llegan a Liverpool de la mano de Chester Park, representante de la empresa “The Samuel Winslow Skate Manufacturing Company of Massachussets”. Park introduce un concepto global de control de la actividad que incluye desde la manufacturación hasta la dirección de las instalaciones en las que se practica el patinaje.

Para empezar con la aventura europea, la empresa necesita unas instalaciones para desarrollar su actividad. El “Tournament Hall” podría servir pero son precisas ciertas mejoras para transformar la anticuada instalación en una pista al estilo americano. Una vez arrendado el “Tournament Hall” los primeros trabajos consisten en cambiar las viejas e irregulares planchas de madera que formaban el suelo por un inmaculado piso de parquet de roble canadiense. El éxito entre los patinadores es inmediato. Se acabaron las vibraciones producidas por la superficie de deslizamiento, los baches, los saltos de las juntas...

Pero los nuevos métodos no se quedan en simples mejoras estructurales. El factor humano también cuenta. Dentro del nuevo concepto de explotación aparece la figura del director de las instalaciones. Una persona capaz de sacar el máximo rendimiento posible a las inversiones realizadas por los propietarios. Rentabilidad, esa es la palabra.

...Y no sin esfuerzo, se cumplen los objetivos. Ya no son sólo Francia, Alemania y Gran Bretaña. En Italia, en Bélgica, incluso en Egipto, cada vez que se ponen a la venta las entradas, se agotan. El salto se ha dado.
Todo parece ir sobre ruedas, nunca mejor dicho, pero de repente estalla La Gran Guerra del Catorce. Las necesidades bélicas marcan el uso de la industria y se abandona la producción de todo aquello que no es de primera necesidad o no tiene fines bélicos. Los fabricantes ya no pueden atender a las demandas y las pistas se cierran para convertirlas en almacenes.

Lo que iba a ser una confrontación rápida se extiende a lo largo de cuatro años dejando a Europa arrasada. Pero el final de la guerra no supone una vuelta a la normalidad en lo que al patinaje se refiere. Una nueva moda traída del otro lado del Atlántico por los combatientes norteamericanos cautivó a Europa: las bandas de Jazz. ¿Y qué mejor lugar para bailar al ritmo de estas orquestas que las antiguas pistas de patinaje?

Es un duro golpe. Unida a la escasez de material, la falta de instalaciones obliga a muchos aficionados a colgar sus patines y dedicarse a otros deportes que ofrezcan más facilidades. En el período entreguerras las actividades organizadas relacionadas con el mundo del patín se reducen a unas cuantas competiciones de carreras entre Gran Bretaña, Francia y Bélgica. Al patinaje artístico no le fue mejor. El Hockey Sobre Patines desaparece.

En abril de 1924 todo empieza a cambiar. Un grupo de dirigentes deportivos de Francia, Suiza, Gran Bretaña y Alemania se reúnen en el Casino de Montreux con el fin de recuperar el terreno perdido. Se funda la “Federation Internationale de Patinage a Roulettes” presidida por el suizo Otto Mayer. Los esfuerzos para relanzar el patinaje se comienzan a materializar, pero más obsesionados con lo que el patinaje había sido que con lo que podría llegar a ser no se percatan de la oportunidad que se les presenta: formar parte del movimiento olímpico.

En la siguiente reunión anual de la FIPR, se admite como miembros a Italia y a Bélgica y se comienza a trabajar en el primer Campeonato de Europa de Hockey sobre Patines en Herne Bay (Inglaterra).

Hasta 1936, los Campeonatos de Europa se celebraban alternativamente en Montreux y Herne Bay debido a que únicamente Gran Bretaña y Suiza poseían instalaciones adecuadas para llevarlos a cabo. Pero ahora Alemania solicita la organización de los campeonatos. El proyecto alemán es realmente ambicioso. No se conforman con poco, quieren lo que será el primer Campeonato del Mundo. Y no sólo eso. La propuesta alemana pretende que en ese Campeonato del Mundo es un auténtico Mundial de Patinaje incluyendo tanto Hockey, Velocidad como Artístico. Ante las semejantes expectativas se aprueba la propuesta de Alemania y se le concede la organización de lo que a la postre será un auténtico éxito.

El Mundial de Alemania sirve como revulsivo y hace que el congreso de la FIPR que se celebra al mismo tiempo que el Mundial en Stuttgart cree los Comités de y Patinaje Artístico y Danza, Velocidad y Hockey.

Se ha dado un gran salto cualitativo. El patinaje cuenta ahora con una estructura moderna y unos métodos de funcionamiento acordes con los tiempos que corren. La pena es que ninguna nación jamás haya sido capaz de repetir un Mundial de Patinaje tal como lo hizo Alemania.

La tradición del patinaje en Egipto hace que sea el primer país no europeo en convertirse en miembro de la FIPR. Le siguen Holanda e Irlanda. La FIPR se encuentra en plena ebullición y sus dirigentes, con el objetivo de expandir la organización a nivel mundial, inician contactos con Nueva Zelanda, Australia, Canadá y Estados Unidos.

Lo que parecía un nuevo resurgir se ve interrumpido de nuevo con otro conflicto: la Segunda Guerra Mundial. Cuando terminan las confrontaciones y se evalúan los efectos, éstos son desoladores para el patinaje. A los mismos problemas surgidos como consecuencia de la Gran Guerra hay que añadir mayores dificultades: las pocas pistas de patinaje que quedaron en pie se han reconvertido en garajes y gasolineras. Francia, donde llegó a haber más de 50 clubes, únicamente cuenta ahora con tres pistas en Burdeos, Tourcoing y Nantes. En el resto de Europa la situación es aún peor. Alemania tiene que partir de cero. Gran Bretaña ha perdido a sus grandes especialistas...

Pero no todo estaba perdido. Poco a poco y con mucho esfuerzo, como el Ave Fénix, el patinaje surgía de sus cenizas. El patinaje artístico toma forma en Bélgica. Italia y Alemania despuntan de nuevo también en velocidad. De nuevo, en 1946, vuelven a celebrarse Campeonatos de Europa en Antwerp.

En 1946 España y Portugal, países en donde el Hockey Sobre Patines cuenta con una gran popularidad, entran en la FIRP. Portugal solicita la organización del 3er. Campeonato del Mundo de Hockey Sobre Patines para Lisboa. El Hockey Sobre Patines madura con este suceso. Las 4000 plazas del aforo de la pista se agotan en todas las jornadas. Nunca antes tanta gente había acudido a presenciar un Mundial. Portugal, Bélgica y España ocupan los tres primeros puestos. Las potencias que dominaban el concierto mundial antes de la guerra, Francia y Gran Bretaña, se ven relegadas al quinto y sexto puestos. Ya nunca más volverán a la élite. El Mundial de Lisboa marcó un antes y un después en el Hockey Sobre Patines. El nuevo orden mundial allí establecido únicamente se verá modificado, y sólo en parte, por la aparición en el concierto internacional de Italia y Argentina.

Al igual que sucedió con el Mundial de Patinaje de Alemania de 1936, el gran éxito de Portugal’47 sirve como un gran escaparate y llama la atención de numerosos países de todo el mundo. Los efectos se hacen notar rápidamente. Ahora el Hockey Sobre Patines ya se extiende por los cinco continentes debido a las nuevas incorporaciones a la FIRP: En América del Sur, Chile, Cuba, Argentina, Colombia, Venezuela, Brasil y Uruguay; en Oceanía Australia y Nueva Zelanda; y en Asia, Japón.

Pero la familia del patinaje mundial no se detiene. Hoy en día uno de los principales objetivos de la FIRS es el incremento de países miembros y se han establecido relaciones en ese sentido con China, Filipinas, Ecuador, Taipei y Eire.

Y la familia sigue aumentando...

Publicado por Marisa_Bidilla @ 21:47  | Historia
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S?bado, 08 de octubre de 2005
Todo comenzó hace ya muchos años, durante los albores del siglo XVIII, cuando un holandés llamado Hans Brinker se negó a esperar que llegase el invierno para poder patinar en el hielo. El invento de Brinker consistía en unos rodillos sujetos directamente a la suela de sus botas. La idea no era mala, pero ni los materiales ni el diseño permitieron a nuestro amigo Brinker ir muy allá.

Pasó algún tiempo hasta que a finales de la década de los sesenta aparece en escena como director del museo Cox en Spring Gardens, -más adelante veremos lo adecuado del término- el luthier belga Joseph Merlín. Su invento le hace acreedor del reconocimiento como el padre de los patines. El artilugio consistía en una plancha de madera en la que las ruedas se encontraban acopladas y todo el conjunto iba atado al pie.
La presentación en sociedad del nuevo invento tuvo lugar durante uno de los elegantes bailes de la City Londinense. De repente se reclama la atención de los asistentes. Ante el asombro de toda la Corte. Una música de violín comienza a sonar. Era el propio Merlin. Pero, ¿qué lleva en los pies? ¡No camina, está patinando! La gente se fascina con el espectáculo. Merlin también. El entusiasmo de la gente lo contagia. Por un momento, jaleado por el público allí presente, su mente se evade y sus pies se mueven cada vez más y más deprisa hasta que pierde el control yendo a estrellarse contra uno de los carísimos espejos que adornaban el salón. Las heridas que se produce al detenerse de esa forma tan poco ortodoxa a punto estuvieron de costarle la vida.

La verdad es que después de ese desagradable incidente, no se tienen noticias del pobre Merlin. Quizás consideró suficiente su experiencia y siguió dedicado a su oficio como fabricante de instrumentos musicales, lo que por otro lado seguro que le resultaba más productivo y gratificante a juzgar por sus relaciones con la Corte Londinense.

Tuvieron que pasar más de 50 años para que Jean Garcin, un aficionado al patinaje sobre hielo francés, evolucionara el diseño de los patines. Construye un patín al que le puso el nombre de “Cingar” (las dos sílabas de su nombre al revés) e introduce el concepto de lo que hoy llamamos “plancha”. Eso sí, se trata de una plancha de madera la cual sirve de apoyo a los rodillos y se ajusta a los pies del temerario usuario con unas correas. Para los pioneros del patinaje era como montar un caballo salvaje y la dificultad del control de la estabilidad y la dirección era evidente.
Animado por su invento, Garcin abre en París la primera escuela de patinaje de la historia. Al principio tuvo cierta aceptación, quizás más por esnobismo que por otra cosa. El caso es que la escuela no aguantó mucho tiempo abierta. La enorme cantidad de accidentes sufridos por los alumnos conduce a una progresiva pero constante falta de adeptos y hace que Garcin tenga que echar el cierre.

En 1849 un acontecimiento inesperado le da un nuevo empujón al patinaje: la ópera. En concreto la obra del compositor Giacomo Meyerbeer “Le Prophète”. El autor imagina una escena invernal ambientada sobre un río helado con los actores patinando. El problema era evidente: ¿cómo conseguir el mayor realismo posible? Quizás esos nuevos patines con ruedas podrían servir.
Louis Legrand, el profesor encargado de enseñar a patinar a los actores, se muestra como una persona extremadamente competente y no sólo realiza su trabajo sino que trabaja sobre un tipo de patín que será el prototipo de los patines actuales de dos ejes.
Hasta esa fecha, sin duda influido por el patín de hielo, el diseño al uso consistía en dos ruedas colocadas en línea. Pero resultaba un tanto inestable para las personas menos habilidosas. El nuevo patín de Legrand incorpora un eje trasero y otro delantero con dos ruedas cada uno con lo que ganan en estabilidad.
El boca a boca recorre todo París y la gente acude intrigada para ver la novedosa puesta en escena. La representación resulta un éxito a pesar de que, de vez en cuando, algún desafortunado actor terminaba en el foso de la orquesta intentando dominar aquellos rebeldes patines. “La Prophète” pone de moda al patinaje en París. La compañía finaliza sus representaciones en la capital francesa y se traslada de gira a Londres contagiando a los londinenses con la misma fiebre del patín que ya padecían los parisinos.

El diseño inicial de Garcin es perfeccionado y se presenta en la Feria Mundial de París de 1867. Las demostraciones que tienen lugar asombran a un empresario neoyorquino llamado Leonard Plimton que se lleva la idea a su país en donde perfecciona los patines -empleando amortiguadores de goma en los ejes para facilitar los giros- y comienza a producirlos en cadena.
Pero el interés de Plimton por el patinaje no se limita únicamente a la fabricación de patines. Siguiendo una buena estrategia empresarial, inaugura Newport (Rhode Island - EE. UU.) en lo que será la primera pista de patinaje del mundo, organiza la primera sociedad internacional de patinaje sobre ruedas y promueve las primeras competiciones de lo que podríamos llamar patinaje artístico.

En 1876 París inaugura su primer salón de patinaje en lo que debería haber sido una pista de hielo. El proyecto inicial se convirtió en una pista de patinaje debido a las protestas de los vecinos de la zona. Según ellos, el volumen de agua que requeriría la instalación, les haría vivir en un ambiente con una humedad nada saludable. El caso es que con razón o sin ella, el patinaje sobre ruedas sale beneficiado.

Otra gran capital europea como Berlín, construye su primera pista de patinaje en el mismo año. Después le llega el turno a Frankfurt y así, una tras otra, las ciudades van contagiándose con la fiebre de patinaje que se extiende por Europa. No hay una ciudad medianamente grande de Inglaterra que no cuente con una pista de patinaje.

Durante la década de los ochenta, el patinaje se beneficia de los nuevos sistemas de producción de la Revolución Industrial. La fabricación en cadena los costes de fabricación de los patines y los precios se vuelven asequibles para el gran público llegando a poner sobre las tres mil pistas, sólo en los Estados Unidos, más de un millón de pares de patines
Si bien aumenta el número de modelos lanzados al mercado, algunos resultan un tanto extravagantes. Desde los que incorporan neumáticos hasta los que llevan ruedas de 25 centímetros de diámetro pasando por el uso de correas de goma en lugar de cuero, casi cualquier idea es aplicada a los diseños. Pero la verdadera revolución surge cuando se incorporan cojinetes a las ruedas. El deslizamiento y la velocidad mejoraron notablemente hasta el punto de que hoy en día -si pasamos por alto las innovaciones técnicas- no se ha encontrado una solución mejor.

Más o menos por aquella época, un mecenas llamado Baillier, construye en París la más lujosa y espectacular pista de patinaje de París: “El Palacio del Patinaje”. Pero tan espectacular obra únicamente está abierta al público durante unos ocho meses. Los costes de explotación son tan elevados que los ingresos no los cubren y la empresa quiebra.
En 1890 se inaugura en Londres la pista de patinaje más grande jamás construida: el “Grand Hall Olimpia”. Sus dimensiones son espectaculares. Ocupa una superficie de 6.000 metros cuadrados, equivalente a un campo de fútbol. El auge de este tipo de instalaciones es notable. Sólo en un año y medio se abren 50 pistas en Alemania y 30 en Gran Bretaña.

Publicado por Marisa_Bidilla @ 12:17  | Historia
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Domingo, 02 de octubre de 2005

Básicamente consiste en provocar la toma de decisiones conflictivas en la defensa contraria que den lugar a situaciones ventajosas para la consecución del gol. A mayor conflicto generado en la defensa contraria, mejor situación del equipo propio.

Antes de comenzar a hablar con los jugadores sobre la forma en la que realizaremos nuestros ataques, todos ellos deben de entender que se trata de una responsabilidad compartida el conocer y entender las distintas opciones de pase que se produzcan. Cada jugador debe de saber no sólo dónde pasar sino también dónde recibir.
Estas dos reglas, por orden de importancia, que cada jugador debe recordar, nos servirán como punto de partida.

1.Dispara siempre que la portería esté franca (sólo guardada por
el portero)
2.Si la puerta no está franca, pasa a un jugador desmarcado


El principal medio para conseguir el objetivo en ataque (gol) es mantener a los defensas alejados de la bola buscando compañeros desmarcados. Encaminaremos nuestro juego a la búsqueda de una situación en pista más que a una jugada determinada puesto que, a pesar de su sofisticación, ninguna jugada nos garantiza la consecución de un gol.

En un principio debemos de huir de grandes complicaciones tácticas. Todo dependerá de nuestro nivel de juego y del contrario. La forma más adecuada para introducir a nuestro equipo en un planteamiento ofensivo resulta de partir de una situación muy elemental para ir construyendo nuestro ataque incrementando paulatinamente el número de participantes en él.

La primera intención táctica en el ataque es la de buscar una posición ventajosa en la que pueda recibir la bola. A partir de esta situación tan simple -en teoría- se ejecutarán todas las combinaciones del juego ya sean del poseedor de la bola (pases, desplazamientos con bola, regates y tiros.), como de ayudas (bloqueos, recepciones y apoyos).

Como todos sabemos, el Hockey Sobre Patines es un deporte muy dinámico en el que el movimiento, tanto si se es portador de la bola como no, es constante. La piedra angular para facilitar las acciones en el ataque es el desmarque. O lo que es lo mismo: la búsqueda de posiciones que nos permitan recibir un pase fuera del área de influencia del contrario y que pueda ser realizado con la mayor de las garantías de ejecución.

Mediante un desmarque y un pase-recepción adecuados es posible superar la posición de uno o varios contrarios con el fin de encontrar una superioridad numérica que nos facilite la resolución del ataque.

Como veremos más adelante, dentro del punto dedicado a la defensa, el contrario intentará siempre crear una alineación que dificulte la progresión del atacante, el pase o el tiro. Para deshacer dicha alineación, hemos de enseñar a nuestros jugadores a automatizar dos ideas claves: desplazarse hasta aparecer dentro del campo de visión del portador de la bola y alejarse suficientemente de su marcador para poder recepcionar la bola con éxito. Tampoco está de más enfocar la acción en el sentido de que mientras un tiro a puerta errado es un solo fallo, el pase incompleto son dos fallos: uno del que pasa la bola y otro del que la recibe.

Pero volvamos sobre la ruptura de la alineación. Tengamos presente que tanto en el Hockey Sobre Patines como la mayoría de los deportes colectivos, un desplazamiento y un pase sobre el jugador que lo ejecuta supone un desbordamiento del defensor. Una sucesión de desplazamientos (desmarques) y pases es lo que genera una posesión continuada de la bola y por lo tanto del ritmo del juego. Por otro lado, no es infrecuente que después de haberse producido una ruptura de alineación, el propio pasador la vuelva a crear con un movimiento incorrecto sustrayéndose de que en ese momento se ha convertido en posible receptor.

En síntesis, nuestro objetivo en ataque sería el de ver al equipo contrario como un conjunto de jugadores al que ir aislando de la forma anteriormente explicada, buscando constantemente superioridades numéricas, hasta llegar a una posición óptima de resolución (tiro o regate al portero).

Para simplificar la idea del ataque, vamos a referirnos a dos situaciones que engloban, de manera muy general, distintas concepciones: El ataque por conceptos y el ataque por sistemas.

El ataque por sistema no son más que la estructuración previa del ataque ante una determinada posición defensiva del adversario; lo que vulgarmente se conocen como “jugadas”. Nuestra intención está prefijada estrictamente de antemano y muestra una rigidez que otorga una misión concreta a cada jugador. Las jugadas generadas por nosotros están cerradas y enfocadas a un determinado momento de juego. Sus características más notables, entre otras:

1.-Sin solución de continuidad (tienen un principio y un final)
2.-Se aplican en una situación muy concreta del adversario
(ruptura de su defensa), o del tiempo (posesión de bola)
3.-Requieren un período largo de aprendizaje en los entrenamientos
4.-Facilidad de previsión por parte del contrario
5.-Eliminan la creatividad individual (por lo que no son
recomendables en los períodos de iniciación)


Por otro lado nos encontramos con el ataque por conceptos. Al contrario que en el ataque por sistemas, no creamos una estructura rígida ante una situación sino que globalizamos nuestro juego mediante unas directrices que huyen de lo concreto y buscan más las posiciones generales dando una mayor libertad al jugador.

Un ataque por conceptos se podría basar, no sin cierta simplificación, en pase y corte. Todos los jugadores tendrían la misma consigna -recibo, paso y corto sobre el receptor- y la repetirían una y otra vez independientemente de la situación en la que recibieran, con el único fin de generar una situación favorable (un espacio libre, una línea de tiro, etc.).

1.-Las acciones de ataque por conceptos
son continuas, encadenadas una tras otra
2.-El jugador genera la acción en cada momento, mayor libertad y a su
vez mayor responsabilidad
3.-Los jugadores poseen una idea general de la situación
4.-Al no ser una situación sistemática, el contrario la identifica
con más dificultad


El tiempo de entrenamiento requerido para el aprendizaje del ataque por conceptos se reduce ostensiblemente puesto que se basa, en mayor medida que en el ataque por sistemas, en el nivel técnico y táctico individual de nuestros jugadores.

Como resulta obvio, el ataque por conceptos debe de ser el que se utilice en categorías inferiores para, con la maduración del jugador y el desarrollo de sus habilidades, introducir el ataque por sistemas. A partir de este momento quedará a criterio del entrenador la decantación por uno u otro ataque y/o el grado de presencia de cada uno dentro del estilo de juego que quiera imponer a su equipo.


Publicado por Marisa_Bidilla @ 0:53  | El juego
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