El proceso de aprendizaje de las habilidades que transcurra en un buen ambiente se desarrollará de una manera más rápida, efectiva y los resultados finales alcanzarán límites más elevados. En estas circunstancias provocaremos una actitud positiva hacia el trabajo que se está realizando y la adherencia a la práctica deportiva será mayor.
Por el contrario, el aprendizaje que tiene lugar en condiciones de monotonía y confusión conducirá, irremisiblemente, a la aparición de conductas de evitación en los jugadores. Esto sin mencionar al tirano jupiterino que vocifera sin ton ni son por doquier y aprovecha su posición de fuerza para tomar resoluciones encaminadas a colmar su inmenso ego.
Sin lugar a dudas, los buenos entrenadores son excelentes profesores y hacen de la comunicación una virtud.
Como no podría ser más evidente, el contacto con el mundo del entrenamiento se realiza desde dos situaciones distintas: o bien se ha sido jugador de Hockey Sobre Patines o se proviene desde el papel de simple aficionado. Todo tiene sus ventajas en inconvenientes. La ventaja con la que cuenta el primero, es haber vivido en su propia piel todas las facetas del aprendizaje. Muchos de los objetivos a alcanzar en la formación de los jugadores ya los ha conseguido y los buscará, en principio, de forma empírica. Ser un buen jugador de Hockey Sobre Patines no implica ser un buen entrenador. Si bien es cierto que ser poseedor de una cierta pericia siempre ayuda, la habilidad para detectar errores de ejecución y subsanarlos, saber reforzar la más mínima mejora y poseer una gran capacidad de síntesis y comunicación son con mucho más necesarias para llevar nuestro barco a buen puerto que el haber vivido una experiencia previa encima de los patines.
No hace mucho tiempo, un gran ex-jugador y entrenador novel se afanaba en su trabajo con un grupo de muchachos. Confiaba en la técnica de la demostración para entrenar a sus pupilos. Cuando se presentaba una dificultad en la ejecución de alguna habilidad se apresuraba a demostrar prácticamente cómo tenían que hacerse las cosas. Nuevos errores conducían a nuevas demostraciones. La incapacidad que tenía de aislar el error cometido en la ejecución y por tanto su falta de pericia para comunicar con claridad la información necesaria para una correcta ejecución, hacía que la progresión no fuese la adecuada en tiempo y forma. En resumen: no estaba preparado para enseñar.
Como es lógico, la persona para la que su primer contacto directo con el deporte parte desde una base teórica, ha de estudiar concienzudamente, para poder comenzar a crearse un criterio metodológico correcto.
Si tú, amigo lector, te acercas a este mundo desde la segunda situación, es decir de aficionado, no te acomplejes, no todo son ventajas para los ex-jugadores con respecto a ti. A veces los hábitos adquiridos por estos marcan determinantemente el desarrollo de la enseñanza. Pongamos un ejemplo: ante una situación concreta en pista, el ex-jugador pudiera tender a aconsejar la solución que él hubiese adoptado conforme a sus propias características y no a las del aprendiz.
Evidentemente no siempre es así, pero esperamos que estas líneas valgan para insuflar un poco de ánimo para el entrenador, llamémosle, exógeno.
Básicamente consiste en provocar la toma de decisiones conflictivas en la defensa contraria que den lugar a situaciones ventajosas para la consecución del gol. A mayor conflicto generado en la defensa contraria, mejor situación del equipo propio.
Antes de comenzar a hablar con los jugadores sobre la forma en la que realizaremos nuestros ataques, todos ellos deben de entender que se trata de una responsabilidad compartida el conocer y entender las distintas opciones de pase que se produzcan. Cada jugador debe de saber no sólo dónde pasar sino también dónde recibir.
Estas dos reglas, por orden de importancia, que cada jugador debe recordar, nos servirán como punto de partida.
1.Dispara siempre que la portería esté franca (sólo guardada por
el portero)
2.Si la puerta no está franca, pasa a un jugador desmarcado
El principal medio para conseguir el objetivo en ataque (gol) es mantener a los defensas alejados de la bola buscando compañeros desmarcados. Encaminaremos nuestro juego a la búsqueda de una situación en pista más que a una jugada determinada puesto que, a pesar de su sofisticación, ninguna jugada nos garantiza la consecución de un gol.
En un principio debemos de huir de grandes complicaciones tácticas. Todo dependerá de nuestro nivel de juego y del contrario. La forma más adecuada para introducir a nuestro equipo en un planteamiento ofensivo resulta de partir de una situación muy elemental para ir construyendo nuestro ataque incrementando paulatinamente el número de participantes en él.
La primera intención táctica en el ataque es la de buscar una posición ventajosa en la que pueda recibir la bola. A partir de esta situación tan simple -en teoría- se ejecutarán todas las combinaciones del juego ya sean del poseedor de la bola (pases, desplazamientos con bola, regates y tiros.), como de ayudas (bloqueos, recepciones y apoyos).
Como todos sabemos, el Hockey Sobre Patines es un deporte muy dinámico en el que el movimiento, tanto si se es portador de la bola como no, es constante. La piedra angular para facilitar las acciones en el ataque es el desmarque. O lo que es lo mismo: la búsqueda de posiciones que nos permitan recibir un pase fuera del área de influencia del contrario y que pueda ser realizado con la mayor de las garantías de ejecución.
Mediante un desmarque y un pase-recepción adecuados es posible superar la posición de uno o varios contrarios con el fin de encontrar una superioridad numérica que nos facilite la resolución del ataque.
Como veremos más adelante, dentro del punto dedicado a la defensa, el contrario intentará siempre crear una alineación que dificulte la progresión del atacante, el pase o el tiro. Para deshacer dicha alineación, hemos de enseñar a nuestros jugadores a automatizar dos ideas claves: desplazarse hasta aparecer dentro del campo de visión del portador de la bola y alejarse suficientemente de su marcador para poder recepcionar la bola con éxito. Tampoco está de más enfocar la acción en el sentido de que mientras un tiro a puerta errado es un solo fallo, el pase incompleto son dos fallos: uno del que pasa la bola y otro del que la recibe.
Pero volvamos sobre la ruptura de la alineación. Tengamos presente que tanto en el Hockey Sobre Patines como la mayoría de los deportes colectivos, un desplazamiento y un pase sobre el jugador que lo ejecuta supone un desbordamiento del defensor. Una sucesión de desplazamientos (desmarques) y pases es lo que genera una posesión continuada de la bola y por lo tanto del ritmo del juego. Por otro lado, no es infrecuente que después de haberse producido una ruptura de alineación, el propio pasador la vuelva a crear con un movimiento incorrecto sustrayéndose de que en ese momento se ha convertido en posible receptor.
En síntesis, nuestro objetivo en ataque sería el de ver al equipo contrario como un conjunto de jugadores al que ir aislando de la forma anteriormente explicada, buscando constantemente superioridades numéricas, hasta llegar a una posición óptima de resolución (tiro o regate al portero).
Para simplificar la idea del ataque, vamos a referirnos a dos situaciones que engloban, de manera muy general, distintas concepciones: El ataque por conceptos y el ataque por sistemas.
El ataque por sistema no son más que la estructuración previa del ataque ante una determinada posición defensiva del adversario; lo que vulgarmente se conocen como “jugadas”. Nuestra intención está prefijada estrictamente de antemano y muestra una rigidez que otorga una misión concreta a cada jugador. Las jugadas generadas por nosotros están cerradas y enfocadas a un determinado momento de juego. Sus características más notables, entre otras:
1.-Sin solución de continuidad (tienen un principio y un final)
2.-Se aplican en una situación muy concreta del adversario
(ruptura de su defensa), o del tiempo (posesión de bola)
3.-Requieren un período largo de aprendizaje en los entrenamientos
4.-Facilidad de previsión por parte del contrario
5.-Eliminan la creatividad individual (por lo que no son
recomendables en los períodos de iniciación)
Por otro lado nos encontramos con el ataque por conceptos. Al contrario que en el ataque por sistemas, no creamos una estructura rígida ante una situación sino que globalizamos nuestro juego mediante unas directrices que huyen de lo concreto y buscan más las posiciones generales dando una mayor libertad al jugador.
Un ataque por conceptos se podría basar, no sin cierta simplificación, en pase y corte. Todos los jugadores tendrían la misma consigna -recibo, paso y corto sobre el receptor- y la repetirían una y otra vez independientemente de la situación en la que recibieran, con el único fin de generar una situación favorable (un espacio libre, una línea de tiro, etc.).
1.-Las acciones de ataque por conceptos
son continuas, encadenadas una tras otra
2.-El jugador genera la acción en cada momento, mayor libertad y a su
vez mayor responsabilidad
3.-Los jugadores poseen una idea general de la situación
4.-Al no ser una situación sistemática, el contrario la identifica
con más dificultad
El tiempo de entrenamiento requerido para el aprendizaje del ataque por conceptos se reduce ostensiblemente puesto que se basa, en mayor medida que en el ataque por sistemas, en el nivel técnico y táctico individual de nuestros jugadores.
Como resulta obvio, el ataque por conceptos debe de ser el que se utilice en categorías inferiores para, con la maduración del jugador y el desarrollo de sus habilidades, introducir el ataque por sistemas. A partir de este momento quedará a criterio del entrenador la decantación por uno u otro ataque y/o el grado de presencia de cada uno dentro del estilo de juego que quiera imponer a su equipo.