S?bado, 28 de mayo de 2005
Cada niño es un mundo y, por supuesto, cada padre también. No están todos los que son pero sí son todos los que están. Una única advertencia: cuidado con encasillar a algún conocido sin previamente mirarse en el espejo. Por lo demás no se trata más que de un juego ¿o no?

EL CRITICÓN

Pobre crío. Es machacado por sistema. Da igual como actúe, siempre se le pide más. Tiene absolutamente claro -cristalino, pensará él- que una vez terminado el partido le espera un análisis de no te menees. ¡Vamos que ni el Marca, oye! La vuelta a casa en el coche se convierte en una avalancha de críticas y, lo que es peor, de comparaciones.
Ojito con identificar el éxito o el fracaso del niño como algo propio porque se traducirá en una actitud para con el chaval excesivamente dura que le impedirá disfrutar del deporte.

EL DESINTERESADO

Por no saber no sabe ni a lo que juega su hijo. Es más le da igual el ala delta en sala que la petanca bicóncava. En el mejor de los casos acuden esporádicamente a ver un partido y a las reuniones de padres sólo acompañados por Guardia Civil.
Su visión del deporte se reduce a una actividad que “rellena” un par de horas diarias de la vida de sus hijos, no como parte de una educación integral.
Justifican su postura como una concesión a la independencia del muchacho. Pero ese muchacho, además del reconocimiento de sus compañeros y entrenador, busca ante todo el de sus padres...

LA SOMBRA

De repente y sin que nadie sepa cómo aparece un nuevo entrenador en el equipo. Se trata de un individuo al que le puede la impaciencia y es incapaz de resistirse a lanzar una batería de instrucciones al primer jugador que le preste atención. Este espécimen ya ejercía antes de que su chico jugase al hockey. Entre otros se podía identificar fácilmente en las partidas de cartas: es el que no juega y abronca a los que están sentados.
La cosa no suele ir más allá si todo queda en algún que otro impulso mal contenido pero cuidado, la situación es susceptible de desestabilizar al equipo y hacer más densa la comunicación entre los chavales y el entrenador. Un consejo: que alguien lo distraiga en los tiempos muertos.

EL GRITÓN

¡Peligro! No lo confundamos con “la sombra”. Al menos este aplica algún criterio aunque sea erróneo. Esta joya es capaz -el solito- de cabrear tanto a su propia afición como a la del contrario y montar una que no te menees. Le importa un pimiento qué o a quién gritar. El caso es ponerse como una fiera y largar el mayor número de improperios en el menor tiempo posible. Puede empezar por el árbitro, continuar por el equipo contrario, entrenador propio e incluso rematar la faena con los compañeros de su vástago.
Se le reconoce porque aún callado suele ser el centro de un círculo sin nadie en su interior.

EL SOBRE PROTECTOR

Es un tipo de padre que escasea a medida que toma confianza y conoce el hockey. Al principio, quizás influenciado por una imagen violenta proyectada por el hockey sobre hielo, piensa que sería mejor jugar con sticks de goma, pelotas de tenis y cojines en el “pompis”.
De todos modos necesita un poco de ayuda para que su inmersión en el nuevo mundo al que le conduce su hijo sea más llevadera. Es sólo cuestión de tiempo que comprenda que los riesgos inherentes a este deporte no son más -y quizás menos- que los de la mayoría de cualquier otro deporte colectivo.
Existe una variante ñoña que es capaz de aconsejar al “mister” sobre la forma de entrenar al cuchirripitín para que no se desestabilice. ¡Sí supiera las que reparte el “cuchi” cuando el papá no mira...


Publicado por Marisa_Bidilla @ 10:19  | Los Padres
Comentarios (1)  | Enviar
Faltó instinto asesino. Ya tenemos un nuevo matador. El infierno de no sé dónde. El asesino del área...
Muerte, desolación, horror...

¿Seguro que estamos leyendo titulares deportivos? La respuesta es: sí. En la mayoría de las ocasiones, el documentarse sobre un tema para poder escribir sobre él, requiere un trabajo de ratón de biblioteca. No es el caso. Basta con tomar un café tranquilamente en el bar de costumbre y prestar un poco de atención en las típicas tertulias deportivas a las que el ciudadano medio es tan aficionado para comprobar hasta qué punto un determinado léxico es utilizado dentro de otro contexto de una manera cuando menos, vanal.
¿Por qué nos encontramos este tipo de titulares en la prensa deportiva? Yo digo: El objetivo no es otro que la captación de la atención del lector.

No entendemos por qué se cuidan los titulares de forma distinta en las páginas deportivas que en otras secciones del mismo medio. Y no digamos cuando abrimos un periódico únicamente deportivo. La ética desaparece, el lenguaje fácil y sensacionalista pesa más que el propio papel en el que está escrito. Quizás todo esto sea dado por la falta de capacidades expresivas, limitaciones literarias o falta de conocimiento de lo que se está tratando y se buscan recursos muy sufridos para ocultar todo lo anterior.El hecho es que nos atosigan con tópicos constantemente.

Todo esto no tendría mayor importancia que la de conocer las habilidades del emborronador de turno si no fuera porque es fácil que este tipo de prensa llegue a los niños. Normalmente los jóvenes se acercan a los diarios, por las páginas deportivas.

Lo grave de todo esto es que se incluyen expresiones que, por estar escritas en una publicación hecha por adultos, los jóvenes creen naturales y correctas. Lo siento pero no. No es natural argumentar que la sequía goleadora de un equipo se debe a que les falta un asesino del área. No es natural hacerle una foto a un jugador con un arma en la mano, poner la pie de foto algo como armados para el asalto al título y publicarla en una portada. No es natural calificar como fuerza de choque a la defensa de un equipo. Todo esto puede ser muy bonito, pero no es natural.

¿Cómo vamos a erradicar la violencia en el deporte con este tipo de situaciones? El Comité Antiviolencia somos todos.
La educación deportiva que debemos de ofrecer a los jóvenes no acaba al salir de un entrenamiento. Es responsabilidad de todo el mundo relacionado con el deporte: educadores, directivos, padres y también de los profesionales de los medios de comunicación deportivos.

En muchas ocasiones los clubes utilizan la prensa para conseguir unos objetivos que no siempre son éticos, y los medios de comunicación se dejan utilizar por intereses comerciales. No hace mucho tiempo los medios de comunicación llevaron a cabo una campaña la cual, más o menos, se resumiría así:
Vamos a demostrar que aquí no somos como ellos y convertiremos la pista en una olla a presión, eso sí, sin hacer todas las salvajadas que nos hicieron en el partido de ida.
Dicho así todo era perfecto, pero las palabras son una cosa y sus consecuencias otras bien distinta. Lamentablemente aquí fuimos como allí. Habíamos vuelto a la época del circo romano...

Publicado por Marisa_Bidilla @ 10:13  | Opini?n
Comentarios (0)  | Enviar
Lunes, 16 de mayo de 2005
La continuidad y perseverancia en el trabajo es el camino que nos llevará a alcanzar los éxitos deportivos duraderos. Es demasiado corriente, en categorías inferiores, confundir el éxito con la victoria en una competición. Anteponer la victoria del conjunto al éxito individual conduce a la frustración del jugador que ve una y otra vez, desde el banquillo, a sus compañeros disfrutar del juego. La confusión de éxito y triunfo nos llevará al subdesarrollo de las capacidades de un número indeterminado de niños de entre los que formen un grupo de trabajo; a la contaminación de las etapas de desarrollo y formación; y a la creencia por parte del adulto de que el modelo de competición para deportistas completamente formados es válido para los niños.

Dejando a un lado los condicionantes económicos, el entrenamiento con niños requiere grandes dosis de desinterés y paciencia. Al comienzo de su evolución, el deportista precisa una gran estabilidad social y emocional. Debe de amar su deporte únicamente por el placer que le produce practicarlo con sus amigos. Las situaciones que se desprenden de la práctica a una edad mayor deben de ser evitadas.

Más veces de las deseadas, niños con determinados problemas familiares, en pleno proceso de evolución, son forzados por sus padres a actuar de formas determinadas cuando lo único que están haciendo es volcar sus frustraciones en aquel, convirtiéndolo en una marioneta en la cual el padre se ve a sí mismo. No es el niño el que salta a la pista sino que es el padre el que lo hace cada fin de semana y ve cada encuentro como si una gran final de una Copa de Europa. Es la raíz de los graves comportamientos antideportivos en las gradas; los “concienzudos” análisis tácticos, y un sinfín de situaciones caricaturescas a las cuales, por desgracia, estamos acostumbrados.

Si a todo el cóctel mencionado le unimos la personalidad de un entrenador Ladrón de Niños obtenemos un equipo de jugadores seniors de once años.

El primer mandamiento de un entrenador es el de trabajar con los jugadores que dispone y explotar al máximo las condiciones que lleven dentro. La máxima expresión del enunciamiento anterior se encuentra en las categorías de base. Es el principio fundamental de la relación jugador - entrenador.

Cuando un niño ve a su entrenador buscando fuera del club lo que no es capaz de encontrar dentro de sus jugadores, comienza su desmotivación por el deporte. La desilusión aparece a una edad en la que el niño es muy receptivo a este tipo de emociones. A costa de desfigurar a su propio equipo, el entrenador seguirá buscando jugadores durante toda la vida deportiva en otros clubes. ¿Cómo van a ser más importantes las aspiraciones de un niño que las de un entrenador egoísta?. Le damos un pequeño caramelo de vez en cuando y listo...

Detrás del pretexto de reforzar al equipo se esconde una necesidad de autoafirmación personal y la búsqueda de un reconocimiento a la labor desarrollada cara al Club, padres, colectivo de técnicos y otros estamentos federativos. No es ni más ni menos que una práctica vampírica en la que se chupa la sangre de otros equipos para alimentar el ego. Es una práctica vital para el Ladrón de niños, pues sin ella de niños moriría por la falta de victorias que tan alarmantemente necesita a corto plazo.

En la búsqueda desesperada de la afirmación personal, el Ladrón de Niños, necesita de triunfos constantes para justificar ante la directiva la idoneidad de su contratación. Lo malo es que no se da cuenta que el camino es otro. Ya no estamos en la época en la que los entrenamientos eran empíricos. Es preciso una constante evolución de las capacidades del entrenador por medio del método y la analítica de la disciplina deportiva. Aunque la experiencia es muy importante en el desarrollo profesional de un entrenador únicamente la unión de ésta con el estudio nos lleva a un imprescindible y continuo reciclaje. Da igual que se asista a numerosas concentraciones deportivas si lleva mil años haciendo lo mismo y lo único que se saca de ellas es un folio con nombres.

La situación que hemos denominado vampírica tiene una vertiente más reprobable cuando se produce en el seno club adscrito a un colegio. Cuando esto ocurre pone de manifiesto graves carencias éticas. El disponer de una cantera potencial entre los alumnos y no aprovecharla es una licencia que no todos los clubes pueden se pueden permitir. Por otro lado, resulta un derecho innegable para un niño el desarrollo de una actividad deportiva dentro de su propia escuela la cual está obligada a facilitarle el mismo. ¡Que mayor ilusión para un niño el poder lucir los colores de su colegio!. Si no fuese así, no sólo la ética de los dirigentes deportivos de la entidad la que quedaría por el suelo sino también la de todo el colegio.

Si nos fijamos un poco, el entrenador Ladrón de Niños es fácilmente reconocible. Aprovechan cada cambio de club para buscar incorporaciones de un tercero. Gustan de zambullirse en el “mercado” de jugadores como si fuese un gran intermediario futbolístico.
Al Ladrón de Niños utiliza las capacidades de sus pupilos como promoción propia. Quiere tener en sus filas a un habilidoso jugador de otro equipo para poder vanagloriarse de lo bien que trabaja los entrenamientos y de la fantástica progresión que obtienen los jugadores que están con él. Se aprovecha de la facilidad que tiene un niño en ser ilusionado. Y sobre todo es extremadamente vulnerable a los halagos. Si no se tiene un poco de cuidado se le puede reconocer, equivocadamente, una gran capacidad porque obtiene resultados a corto plazo a fuerza de debilitar a equipos rivales quitándoles jugadores.

El tipo de actitudes que relatamos denotan una gran falta de profesionalidad en el Ladrón de Niños y una alarmante falta de ética deportiva en los clubes que lo permiten.

La progresión de un deporte viene dada por la progresión de todos y cada uno de los clubes que lo fomentan. Actividades puntuales egoístas sobre una población de deportistas más o menos extensa generará de una forma directamente proporcional el fracaso de toda la comunidad. Es decir, la búsqueda de un equipo extremadamente competitivo en decrimento del resto implicara la desaparición de rivales de su mismo nivel y la desmotivación de los deportistas al no encontrar situaciones de juego donde puedan disfrutar esforzándose por vencer.

Publicado por Marisa_Bidilla @ 17:36  | Opini?n
Comentarios (0)  | Enviar
Padres, entrenadores, APA`s y Federaciones, han estructurado unas competiciones de adultos, unos entrenamientos de adultos y unas exigencias de adultos para los niños.

Los padres, a menudo con acciones excesivamente proteccionistas, invaden un mundo en el cual los niños no les contemplan. Cuando un niño se acerca al mundo del deporte hay que pensar en si esto se debe a una iniciativa propia apoyada por sus padres o bien es el propio padre - o madre - el que está reflejando en el niño un deseo proveniente de una frustración o, tal vez, un deseo de notoriedad alimentado por los medios de comunicación. Padres intrusos (Intrusive parents; Ogilive, 1979) creen poder valorar mejor a sus hijos por conocerlos más. Pero sólo ven su comportamiento dentro de la familia y no en condiciones de las exigencias de tareas específicas para un grupo de entrenamiento.

Cuando un niño comienza en una disciplina deportiva se abre a un nuevo mundo en el cual él es protagonista. Los primeros pasos de un niño fuera de la familia disfrutando de gran autonomía se dan en el colegio. Allí comienzan nuevas relaciones y responsabilidades en las cuales el niño no contempla la figura de los padres. Este hecho es aceptado de forma natural por el adulto el cual mantiene una actitud de seguimiento a distancia.

El segundo mundo que se le abre al niño es el deporte. Básicamente las circunstancias y elementos que lo forman no se distancian mucho del colegio: un adulto instructor, compañeros siguiendo un mismo objetivo, retos y responsabilidades, etc. Pero entonces ¿qué es lo que hace que determinados padres se inmiscuyan dentro de éste Segundo Mundo del niño?. En más ocasiones de las deseadas, nos hemos encontrado con padres "asiduos" a los entrenamientos de los niños. Siguen el plan de entrenamiento como si fueran ellos los participantes haciéndoles la bolsa de deporte y llevándosela hasta el vestuario, cuando no, los visten, les comentan y ¿corrigen? las habilidades que el niño va logrando y por último actúan de abogados de sus hijos. Es una actitud patética que puede llegar a hacer desaparecer el interés del niño por el deporte al verse desplazado en situaciones en las que sus compañeros actúan con iniciativa propia.



Los éxitos en los niños no tienen que ser necesariamente victorias en competiciones impuestas desde el exterior. Si influenciamos en el niño de forma que él lo crea, podríamos generar consecuencias de mayor gravedad que la propia competición. A medida que pasan los años, un concepto del éxito erróneo genera una presión que el niño tardará en superar o le conducirá al abandono.

La planificación de las competiciones, sus objetivos y calendarios no deben de realizarse sin el asesoramiento de técnicos capacitados. Para una Federación es muy sencillo aplicar los esquemas de las competiciones de adultos a los niños. Estas cuentan con el beneplácito de clubes con un planteamiento deportivo basado en conseguir victorias; de entrenadores frustrados que no pudiendo, o no queriendo, dirigir equipos de adultos, plantean temporadas donde esperan conseguir ‚éxitos inmediatos pero efímeros; de padres deseosos de ver algún día a sus hijos en las páginas de algún periódico y que ellos mismos alcancen una notoriedad a través de éstos que les fue esquiva cuando practicaban el mismo deporte; en fin, con el beneplácito de todos a excepción de los más interesados.

Las competiciones propias de adultos generan unas condiciones en las que los niños no estarían dispuestos a medirse por si mismos. En el primer contacto con el mundo de la competición, el niño intenta asimilar toda la información que se le proporciona al respecto y se le hace creer que esa es la única forma de participar en el deporte. Evidentemente, el niño procesa toda esa información y la asimila como propia para agrado y disfrute de los adultos.

No debemos alimentar el miedo al fracaso aumentando las expectativas sobre las capacidades del niño puesto que el desarrollo de sus habilidades se retrasará. No se trata de cosechar escasos éxitos destacados, lo que no influye positiva y duraderamente en la motivación del deportista infantil, pero sí lo hace para las organizaciones y asociaciones deportivas. Para conseguir una motivación constante y positiva deberemos de planificar diversas competiciones comparativas en las que se puedan formar grupos de competición orientados en los niveles; para el niño cuenta en primer lugar el éxito, sólo en segundo o tercer lugar viene el tipo de competición (Hahnn, 1982).

Cuando perseguimos un tipo de competición igualitaria, buscamos entre otras cosas que, de producirse el fracaso, éste sea entre deportistas de un nivel similar, lo cual apenas influir en el nivel de exigencias del individuo; mientras que el fracaso en competiciones no adecuadas acarreará graves consecuencias.

Una competición que no sea igualitaria, como la mayoría de las que actualmente se programan, tiene una doble vertiente negativa. La primera afecta al deportista que es muy superior a su contrincante. Por un lado llena de satisfacción a sus padres, hace creer al entrenador indocumentado que su método es correcto y al dirigente chauvinista que su club alcanza cotas de renombre cuando realmente no está compitiendo contra nadie.

La segunda vertiente afecta al deportista con un nivel evolutivo de sus habilidades inferior. Sus padres adoptan una postura de resignación que el propio deportista percibe y llega a conformarse con su status. Un entrenador con poca seguridad en su método pierde interés paulatinamente y el dirigente se llena de inseguridad en lo que concierne a sus deportistas y entrenadores anhelando un cambio de unos y otros. Mientras tanto los dirigentes de las federaciones únicamente ven a un equipo o deportista que les representará a nivel nacional. Lo malo es que una vez entrados en una competición a nivel nacional estos problemas se vuelven a repetir con el único cambio de que el dirigente federativo realiza el papel del dirigente de club anteriormente descrito.



El entrenador como parte del desarrollo general de los deportistas, ha de vigilar también la formación extradeportiva del niño y, si es necesario, intervenir en ella. Llegados a esta cuestión, las Asociaciones deportivas deberían de tratar con extremada prudencia la incorporación de cada entrenador a la estructura de la organización, buscando una buena cualificación profesional.

Del mismo modo que cuando se precisa la ayuda de un profesor para un niño con dificultades escolares, o cuando buscamos un buen colegio con un plantel de profesores capacitados para confiarle el desarrollo del niño ¿por qué‚ no tenemos el mismo nivel de exigencia a la hora de confiarle su formación deportiva? No es suficiente un título que mostrar.

Únicamente la experiencia, arropada con unos conocimientos demostrados y una correcta preparación académica es garantía de la capacidad del entrenador para confiar la tan delicada formación deportiva de individuo.

Los niños deben ser educados en el deporte y a través de él hacia la autodeterminación y la autonomía.



Carlos Parga Valeiro
Entrenador Superior de Hockey Sobre Patines

Publicado por Marisa_Bidilla @ 14:26  | Opini?n
Comentarios (0)  | Enviar